Opinión

Crónicas del futuro

La edad oscura que estamos viviendo no tiene pinta de acabar pronto.

22 de junio 2017 , 12:00 a.m.

Ese es el título de los diarios que Paul Amadeus Dienach, filólogo y profesor alemán, comienza a escribir en 1923 después de sobrevivir a un coma que duró un año, para dejar registro de una increíble experiencia paranormal. Durante ese lapso, Dienach despierta en el año 3906 en la conciencia de Andrew Northman, quien, también en coma, al recuperarse es atendido a su vez en un hospital por un grupo de médicos o autoridades que se hacen llamar jectors.

Estos individuos entienden lo que está ocurriendo con la identidad de su paciente como una transmutación de conciencia en una especie de deslizamiento de tiempo dados los insólitos datos que Northman provee. En ese intercambio, los jectors le cuentan lo que ha pasado a lo largo de esos casi dos milenios.

Según ellos, la humanidad, del 2000 al 2300, se ocupó mayormente de resolver sus crisis económicas y guerras locales debidas a ese mismo sistema primitivo de dominio financiero, hasta que estalla la guerra mundial que aniquila gran parte de la población. Después de la devastación el orden del mundo cambia, y se instaura un parlamento global de Estados conformado ya no por políticos y economistas, sino por científicos, tecnócratas y figuras humanitarias.

Me interesa la evolución que requiere el pensamiento humano para crear otra realidad muy distinta a la actual

Pero solo en el año 3400 el cerebro humano sufre una mutación que hará mucho más sensible y potente su intuición, espiritualidad y creatividad. Desaparecen los conceptos de nación, dinero, trabajo, propiedad privada y éxito basado en la consecución de bienes materiales, cosas que para un hombre del siglo 40, ya identificado como Homo novus occidantalis, resultan tan arcaicas como para nosotros los cavernícolas. En esa sociedad ya están establecidos el acceso libre a las necesidades básicas del ser humano, el equilibrio ecológico y el control de la superpoblación.

De toda esta historia no me interesa la discusión sobre si el señor se la inventó o se la soñó (aunque la posible existencia de intervalos de tiempo simultáneos no me resulta tan difícil de admitir), sino la lógica puramente racional que tiene aquella sucesión de eventos y la evolución que requiere el pensamiento humano para crear otra realidad muy distinta a la actual. La edad oscura que estamos viviendo no tiene pinta de acabar pronto, así que no es descabellado imaginar que a nuestra caótica raza humana le falten por lo menos dos mil años para salir de su idiotez.

MARGARITA ROSA DE FRANCISCO

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