Opinión

La pregunta por la paz

La paz es la posibilidad de imaginar que este país puede empezar a normalizarse después de una guerra que ocurrió lejos de las ciudades.

18 de agosto 2016 , 07:53 p.m.

La paz es algo más que la ausencia de la guerra. Es, por decirlo fácil, la normalidad a que puede aspirar un país. Una constitución que garantice los derechos de todos. Para que todos puedan hacer lo que hoy hacen algunos. Tener trabajo digno, acceso al agua y a la electricidad de buena calidad, vías, educación, justicia, salud, cultura. Nada de eso hay en vastas regiones de la patria. Si una niña de Calamar, Guaviare, quiere aprender ballet, ¿puede hacerlo? Si un muchacho de Arenal, Bolívar, quiere ser ciudadano del mundo, kosmou polités, como decía Diógenes, ¿podrá hacerlo? Entonces se concluye que aquí ha habido relativa paz para los de Medellín o los de Cúcuta, pero no para los del país del abandono. Trojas de Cataca o San José del Palmar. Podría escribir Paz de Ariporo o Juradó, El Palmar o Puerto Badel, y sería larga esta lista.

¿Quién ha puesto los muertos de la guerra? ¿De dónde son los muchachos de las guerrillas? ¿Serán acaso de los mismos pueblos de los que son nuestros soldados? Pero esta realidad anormal de inequidad y abandono de nuestras regiones puede cambiar. No será fácil, pero saber que no es así en todo el mundo nos ayudará. Y no me refiero a los pueblos apartados de Europa, donde todos acceden a la educación, la ciencia y la cultura. Estados sociales de derecho de verdad. Sé que un joven de Azul o de Temuco pueden ser ciudadanos del mundo, y son pueblos de América Latina.

La paz es la posibilidad de imaginar que este país puede empezar a normalizarse después de una guerra que ocurrió lejos de las ciudades. Más claro: el reconocimiento de que aquel país lejano también es el nuestro. Santa Rosalía, Bengala, Cantagallo; Barranquilla, Guaviare; La Habana, Valle; Buenos Aires, Meta. La paz es la posibilidad de volver a preguntarnos por la vida, como escribió Andrés Holguín. Atrevernos a pensar más allá del 2050. Construir colectivamente propuestas para la agenda del posconflicto 2030 y hacer coincidir esta agenda con la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Y sí, una democracia humana, como escribe Nussbaum, que promueva la vida, la libertad y la felicidad de todas las personas. Eso es lo que está en juego. #SíALaPaz

Manuel Guzmán Hennessey@GuzmanHennessey

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