Opinión

La eliminación definitiva del carbón

Colombia no suscribió, en Bonn, la Alianza para la eliminación del carbón. Grave error.

24 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

El ‘Ideario energético 2015’ (Minminas) empieza por reconocer que se trata de “algunas ideas sobre el desarrollo futuro del sector energético colombiano que pueden servir de base para una política energética”. Pero, como el mundo va más rápido, acaba de suceder esta semana un hecho que obliga a modificar el ideario.

En Bonn, más de 20 países, empresas y organizaciones suscribieron la Alianza para la eliminación del carbón (Powering Past Coal Alliance). Y van muy rápido: moratoria para cualquier nueva central térmica. ¿Por qué el Ministerio de Minas insiste en más termoeléctricas? La alianza espera contar con más de 50 socios antes del 2018, cuando se inicia el Diálogo de Talanoa, mediante el cual se revisarán los planes de acción climática de los países y los avances de los no estatales (empresas, ciudades, iniciativas).

Se prevé que las actuales centrales de carbón, que producen el 40 % de la electricidad actual del mundo, acelerarán su transición hacia la economía sin carbono.

Se prevé que las actuales centrales de carbón, que producen el 40 % de la electricidad actual del mundo, acelerarán su transición hacia la economía sin carbono. Y está claro que la gradualidad no puede ir más allá del 2023, cuando, bajo el Acuerdo de París, se revisarán los planes quinquenales de reducción de emisiones (¿ya está el nuestro?).

El ‘Ideario energético 2015’ reconoce tres factibilidades: sacar de la balanza eléctrica el 80 % de la energía fósil y lograr que el 70 % de la electricidad provenga de fuentes renovables al 2050 (Global Wind Energy Council), atender todas las necesidades energéticas en el 2030 mediante fuentes renovables (Jacobson y Delucchi) y organizar un mercado costoefectivo en 2050 estructurado sobre un mundo 100 % basado en renovables (‘Energy Report’, WWF). Esto demuestra que sí es posible poner fin al uso del carbón como fuente de energía.

Las concentraciones de dióxido de carbono alcanzaron un récord peligroso para el mundo en el 2016. Ahora bien, el ideario reconoce que hace falta estructurar “los mapas de ruta para los objetivos propuestos”. Estos mapas, nuestra política energética, no pueden posponerse más. Colombia no suscribió, en Bonn, la Alianza para la eliminación del carbón. Error. Pudo haber ‘ideado’ fórmulas novedosas de compensación a cambio de reducir sus exportaciones y acelerar la transición hacía energías renovables. Ojalá lo haga en el diálogo de Talanoa (insisto: en el 2018). El fin del carbón no es una mala noticia para nosotros, sino, por el contrario, una oportunidad.

MANUEL GUZMÁN HENNESSEY

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