Opinión

Es la economía

La economía tiene que abrir sus ojos a la complejidad y admitir que el mundo no es mecánico.

21 de julio 2017 , 01:50 a.m.

Atrapado en la jerga de los economistas en reciente foro, recordé haber leído hace unos días que el economista jefe de un banco inglés justificó el fracaso de su modelo predictivo (como se dice en la jerga) con un “comportamiento irracional” de los consumidores. El modelo pronosticaba que en el posbrexit la economía se iba a desacelerar, pero, como los británicos empezaron a consumir como locos, él explicaba lo ocurrido como un comportamiento “irracional”, no como una falla del modelo.

Pero ‘irracional’ en la jerga no quiere decir sin razón, sino que las razones que tuvo el público para contravenir el modelo no eran lo que este pronosticaba. Algunos economistas creen que pueden conducir al mundo por los cauces de sus modelos; por eso, cuando emergen comportamientos no previstos o se acentúan las incertidumbres y los riesgos, es probable que simplifiquen, en lugar de admitir que el mundo es una entidad compleja, no abarcable por ecuaciones lineales. El asunto ha llegado tan lejos que en Francia hoy es 'best seller' un libro que sacraliza la economía como ciencia exacta ('El negacionismo económico', Cahuc y Zylberberg, Flammarion, 2016).

La complejidad (y también la peligrosidad) de la crisis que vivimos obliga a todas las ciencias a repensarse, y a poner cada una su granito de humildad para adaptarse a una realidad vertiginosa que nos acerca a un escenario catastrófico.

Gael Giraud, economista jefe de la AFD, reveló, en aquel foro, que el nivel del mar podrá elevarse dos metros en el 2100. A mí no me cabe duda de que la economía es la ciencia llamada a facilitar la transición hacia una sociedad viable. Pero tiene que abrir sus ojos a la complejidad y admitir que el mundo no es mecánico, sino orgánico.

Una entidad no compuesta por mecanismos, sino por las múltiples interconexiones entre economía, naturaleza y sociedad que hacen posible la felicidad. Que el verdadero desarrollo es para la felicidad y no para el crecimiento, que la posibilidad del decrecimiento es una alternativa para la viabilidad de algunas sociedades. Que la economía es un subsistema de un sistema mayor y finito, que es la biosfera, y que ninguna economía es posible en ausencia de los servicios ecosistémicos. Esto último se han encargado de decirlo un economista y un físico: Manfred Max Neef y Philip Smith.

MANUEL GUZMÁN-HENNSSEY
@GuzmanHennessey

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