Opinión

Buen viento y buena mar

De las obras del gobierno Santos sin duda la más importante fue ponerles fin a 52 años de guerra.

26 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

Porque rompió la línea de mando, porque no esperó recomendaciones de su antecesor, porque quiso asumir por cuenta propia la tarea de cumplir con sus deberes y obligaciones, el presidente Juan Manuel Santos ha sido víctima de una agresiva e injusta persecución. Pues nada de lo que ha hecho este gobierno ha sido reconocido y mucho menos aceptado por un implacable inquisidor que, sediento de poder, no se ha podido reponer de no haber logrado esa tercera reelección presidencial que trató de conseguir, pero que, gracias a una inteligente sentencia de la Corte Constitucional, le tocó quedarse con los crespos hechos.

De las obras del gobierno Santos sin duda la más importante fue ponerles fin a 52 años de guerra. Eso significó, en primer lugar, 8.000 subversivos desarmados y desmovilizados, con lo cual se puso fin a masacres, secuestros, desplazamientos forzados, siembra de minas antipersonas, derrumbe de torres de energía, etc. Pero el resultado más importante fue que, en gran medida, disminuyó el número de víctimas, campesinas la mayoría, pues fue en los campos donde se dieron casi todas las batallas y donde murieron millones de colombianos que perdieron también sus bienes y el derecho de vivir en donde habían vivido siempre.

Tras 6 años de difíciles negociaciones con las Farc, manejadas con sabiduría y enorme paciencia por un grupo de negociadores liderados por Humberto de la Calle, se firmó un acuerdo de paz, admirado y envidiado en todo el mundo. Entonces, Noruega, al comprobar que este gobierno le puso fin al conflicto armado más sanguinario y más antiguo, decidió otorgarle el Nobel de Paz 2016 al presidente J. M. Santos. Tan honrosa y merecida exaltación, que a tantos llenó de orgullo, generó en las toldas del gran inquisidor más ataques y más críticas.

Paz y equidad, sus dos grandes propósito, se lograron. Hicieron aprobar la ley de víctimas y de restitución de tierras, repararon a las víctimas, los desplazados regresaron a sus parcelas.

Con el sol a la espalda, el Presidente aprovechó el foro internacional ‘El estado del Estado’ para hacer un breve balance de lo que ha hecho el Gobierno. En su discurso, publicado en EL TIEMPO el 18 abril, dijo, entre otras cosas:

Paz y equidad, sus dos grandes propósitos, se lograron. Hicieron aprobar la ley de víctimas y de restitución de tierras, repararon a las víctimas, los desplazados regresaron a sus parcelas. Aunque la caída del petróleo redujo 60 % los recursos fiscales, gracias a una “austeridad inteligente” no se afectaron el empleo ni importantes programas sociales. Medida por ingresos, 5’000.000 de colombianos son menos pobres. Se decretó educación gratuita en los colegios públicos. 1’200.000 niños se han beneficiado con el programa De Cero a Siempre. Se triplicó el número de ancianos con ayuda monetaria.

En infraestructura se recortó el inmenso rezago. Multiplicaron las vías de doble calzada, modernizaron aeropuertos y ampliaron los puertos. Y el déficit habitacional se redujo. Construyeron más de 1’500.000 viviendas, de las cuales 350.000 fueron casas gratis en centros urbanos, y 165.000 en áreas rurales fueron para los más pobres.

Reconociendo fallas y errores, dice que el gran objetivo de la paz se logró. “Les dejamos a nuestros hijos una Colombia sin Farc como grupo armado. Fue un camino tortuoso, lleno de dificultades, de enemigos, y políticamente muy costoso. Pero valió la pena”. Dice que fenómenos como el Niño causaron enorme desastres, como Gramalote, Salgar, Mocoa. “Y ni qué decir de una oposición sin precedentes en nuestra historia reciente, por lo visceral y destructiva, promotora de una repudiable polarización, que solo trae secuelas negativas. Por fortuna, todo es pasajero”. Dios lo oiga, porque, por ahora, la repudiable polarización sigue viendo en popa.

El Presidente, como buen exmarino, terminó su discurso en el foro internacional con un noble mensaje: “Al nuevo capitán, quienquiera que sea, todos debemos desearle buen viento y buena mar”. Como Santos dejará el timón el próximo 7 de agosto, muchos colombianos también le decimos: buen viento y buena mar, Presidente.

LUCY NIETO DE SAMPER
lucynietods@gmail.com

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