Opinión

Llegaron los nazis

Los neonazis han entrado en escena como unos de los vencedores en las últimas elecciones en Austria.

04 de enero 2018 , 12:00 a.m.

Hay lugares del mundo donde el nuevo año no trajo buenos augurios, sino malas señales. Uno de ellos es Austria, donde acaba de resurgir el nazismo. Se repite la historia del año 2000, cuando el neonazi Partido de la Libertad, bajo la dirección de Jorg Haider, rompió el equilibrio entre la izquierda y la derecha que había asegurado la estabilidad del país después de la Segunda Guerra Mundial y forzó una coalición de gobierno con los democristianos del Partido Popular, que se vio envuelta en escándalos y le acarreó las sanciones de la Unión Europea.

El protagonismo de Haider en el escenario político austríaco duró hasta su muerte, en un accidente de tráfico en 2008, dos semanas después de obtener otro triunfo electoral. Ahora, los neonazis han entrado otra vez en escena como unos de los vencedores en las últimas elecciones y gobiernan de nuevo con sus antiguos socios, relegando a un segundo plano al otrora poderoso Partido Socialdemócrata.

Heinz Christian Strache, el sucesor de Haider como cabeza de los neonazis, es ahora el segundo del Gobierno en su calidad de vicecanciller y, en opinión de algunos, es el verdadero poder detrás del trono. El canciller es Sebastián Kurz, un político de 31 años que dirige el Partido Popular y tiene la distinción de ser el mandatario más joven de Europa, pero carga con un peso antiguo y oscuro. Es la nueva cara de la derecha europea, que a base de populismo ha ganado terreno en el Viejo Continente, incluyendo –¡quien lo creyera!– al Reino Unido y a la mismísima Alemania.

El resurgimiento neonazi ya ha generado manifestaciones de rechazo en las calles de Viena, pero son protestas débiles comparadas con la fuerza que ha cobrado la derecha extrema.

La instauración del nuevo Gobierno austríaco se formalizó en diciembre pasado y fue el fruto de la reñida elección efectuada en octubre, en la que los dos partidos derechistas, el de Kurz y el de Strache, estuvieron a punto de borrar del mapa al Partido Socialdemócrata, el más antiguo del país y uno de los protagonistas centrales de la restauración democrática después de la Segunda Guerra Mundial.

El resurgimiento neonazi ya ha generado manifestaciones de rechazo en las calles de Viena, pero son protestas débiles comparadas con la fuerza que ha cobrado la derecha extrema, que utiliza las banderas contra los inmigrantes y contra la Unión Europea para enardecer a la población afectada por la carestía y el desempleo, como lo han hecho otras fuerzas políticas nacionalistas y xenófobas a lo largo del continente. Basta echar una mirada a lo ocurrido en el pasado reciente en Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Polonia, Hungría, la República Checa, los Países Bajos, el Reino Unido y Escandinavia, donde esas campañas negativas han desafiado el compromiso europeo de abrir las fronteras a la gente y al comercio.

Este fenómeno ha sido alimentado en buena parte por las redes sociales, que, a semejanza de otros inventos, no son siempre bien utilizadas sino empleadas para impulsar campañas negativas y mentirosas, como se ha visto en todo el mundo. Una de las más perversas es la que alientan los neonazis, cuyo discurso contra los inmigrantes evoca las consignas del Estado racista instaurado por Hitler en la ‘Gran Patria Alemana’, que desde 1938 incluyó a Austria. Es un discurso que reedita el catecismo antijudío consagrado por el Führer en 'Mi lucha', uno de los libros más incendiarios de la historia, cuyo veneno se dirige ahora contra todos quienes no pertenecen a la que él llamaba la “raza aria superior”.

La derrota y la destrucción de Alemania en la Segunda Guerra Mundial, su ocupación por las potencias vencedoras durante casi medio siglo y el difícil camino hacia su reunificación en 1990, así como el que debió recorrer Austria hasta ser refundada como república independiente en 1955, no fueron suficientes para que una parte de la población austríaca –y también de la alemana– dejara de añorar el pasado. Un pasado triste, porque los austriacos no opusieron resistencia a la anexión de 1938 y hasta el día de hoy se discute si el país fue víctima o cómplice de la máquina de guerra nazi.

LEOPOLDO VILLAR BORDA

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