Opinión

Garzón, recreado

Hay que apreciar la tarea nada fácil de recrear la existencia del genial humorista.

10 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

En un país de tan flaca memoria como el nuestro, es saludable rememorar las vidas de los compatriotas que brillaron en el servicio público, las artes o las letras, muchos de los cuales no son bien conocidos, sobre todo por los jóvenes. Quienes hoy tienen dieciocho años estaban en pañales cuando Jaime Garzón fue asesinado en una calle de Bogotá el 13 de agosto de 1999, así que solo tuvieron de él referencias indirectas, como los relatos periodísticos y las grabaciones de sus presentaciones en la televisión, que lo consagraron como el mejor humorista político de Colombia.

Por esto hay que apreciar la decisión de Sergio Cabrera de medírsele a la tarea nada fácil de recrear para las audiencias actuales la existencia del genial humorista, quien, además, fue pedagogo, abogado, filósofo, actor, periodista, locutor, mediador de paz y –no menos importante– creador de Néstor Elí, el celador del edificio Colombia; del lustrabotas Heriberto de la Calle; de la cocinera Dioselina Tibaná; del tinterillo Godofredo Cínico Caspa y de tantos otros personajes ficticios de la televisión con los cuales satirizó a la sociedad colombiana.

Basado en un guion de Juan Carlos Pérez, Cabrera realizó la serie que se está emitiendo en la televisión porque, como lo expresó en una entrevista publicada en este diario, “a través de la vida de Garzón se cuenta la historia del final del siglo 20 en nuestro país, y cualquier director se sentiría privilegiado de dirigirla”. Ante la reacción negativa que su trabajo suscitó entre los hermanos de Garzón, dijo otra cosa que no debe pasar inadvertida: que aunque aquel fue una figura histórica, en la serie es abordado desde la ficción, por lo cual esta no debe ser juzgada como una biografía, sino como una recreación. Es la vida del personaje narrada entre histórica y creativamente. Por esto, a veces puede parecer verdadera y a veces inventada, como lo es a los ojos de los familiares que la objetaron.

La obra 'Garzón vive' consigue transmitir el perfil humano del héroe de la serie y relacionar sus detalles individuales con las ideas generales que lo movieron y también con su entorno.

En otros casos, lo que ella muestra puede ser una exageración de hechos que sí ocurrieron. Pero esos detalles (“pinceladas” para atraer a los espectadores, como las llama Cabrera), no desfiguran el intento de descubrir los sentimientos más secretos de Garzón, tan impenetrables como los de todo ser humano.

En esta búsqueda psicológica, que es el principal trabajo del narrador, la ficción ayuda a describir en forma creíble las ideas, los afectos, los anhelos, en pocas palabras (y para citar de nuevo a Cabrera), “el espíritu de un personaje tan iluminado e inspirador como Jaime Garzón”.

La ficción también libra al relato de lo que se considera certeza histórica, la cual se relaciona con los hechos generales y no con los rasgos y aun las manías del protagonista, que reflejan su carácter. La obra 'Garzón vive' consigue transmitir el perfil humano del héroe de la serie y relacionar sus detalles individuales con las ideas generales que lo movieron y también con su entorno. Además de contar cómo vivió su niñez y su juventud, muestra cómo se manifestaron desde muy temprano, junto con su irreverencia y rebeldía, las cualidades extraordinarias que lo llevaron a la cumbre de la celebridad.

La vida de Garzón fue una sucesión de experiencias muy diversas: desde la mediación para liberar secuestrados en manos de grupos armados y su transitoria vinculación clandestina a la guerrilla hasta su trabajo en el Gobierno, sus interminables reuniones y fiestas con los amigos, su participación en muchos eventos y sus múltiples actividades en el periodismo y la televisión.

De una montaña de noticias, crónicas, testimonios, correspondencia y archivos, los creadores de la serie debieron extraer el material para componer la historia y moldear una figura única, adecuadamente personificada por el actor Santiago Alarcón, así no sea idéntica a la del personaje de carne y hueso. Esta tuvo que ser una labor titánica. Y, por lo visto hasta ahora, produjo un buen resultado.

LEOPOLDO VILLAR BORDA

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