Opinión

Lo que sí importa

La lección que Bielsa le acaba de dar al mundo excede por completo el ámbito delirante del fútbol.

30 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

De Marcelo Bielsa, ‘el loco Bielsa’, como le dicen en Argentina, me gusta todo: el tono resignado con el que le habla a la prensa, como diciendo sin decirlo: “Estos pelotudos no entienden nada...”; las cosas tan raras que dice siempre, mirando todo el tiempo al piso, hasta que de golpe levanta la mirada y es capaz de fulminar con ella al que lo esté atormentando con sus intrigas y su arrogancia.

Una vez, en una entrevista, Bielsa dijo algo muy cierto, y es que es increíble que la sociedad les confiera autoridad científica a unos majaderos que nunca en su vida jugaron a la pelota y que sin embargo salen todas las noches por televisión, con un tablero atrás, a decirle a la gente cómo son las cosas, voceando sin parar números sin ningún sentido: 4-4-2, 4-3-1-2, 4-4-1-1.

Ahora: de Bielsa no me gusta casi como juegan sus equipos, pero ese es un detalle sin ninguna importancia. Me agota su vértigo; me aterra que al final pase lo que pasó con esa máquina que era la Argentina del 2002, eliminada en la primera ronda. Diría que es mejor el 4-3-1-2 que el 3-4-3 que a él le fascina, aunque ya lo dijo Menotti, otro sabio sin igual: “Métanse sus números de teléfono por el orto y aprendan a jugar”.

Pero Bielsa tiene eso que los que hablan el dialecto del fútbol llaman ‘los códigos’, o ‘códigos’ a secas: un sentido del honor y del decoro que está por encima de todo, aun de la victoria o la derrota; una entereza y una dignidad (lo que Álvaro Gómez llamaba el talante) que los hacen insobornables, aferrados hasta el final a su nave, aun en medio del naufragio, como los capitanes de los barcos de antes.

Bielsa tiene eso que los que hablan el dialecto del fútbol llaman ‘los códigos’, o ‘códigos’ a secas: un sentido del honor y del decoro que está por encima de todo.

Por eso decía el ‘Ratón’ Ayala que un jugador nunca es igual después de haber estado en un vestuario bajo la dirección de Marcelo Bielsa: no por la táctica, ni por la técnica ni por la estrategia, eso es lo de menos, sino por la vida: por el milagro que es estar con un tipo que se hace siempre responsable del fracaso, siempre, y en cambio el triunfo se lo atribuye solo a sus jugadores y a su gente; a los demás, nunca a él.

Y la lección que Marcelo Bielsa le acaba de dar al mundo excede por completo el ámbito obsesivo y delirante del fútbol (basta leer esta columna), y tiene más contenido moral y humano que cualquier ‘charla motivacional’ de esas que tanto gustan ahora y en las que un entusiasta de oficio le dice a la gente obviedades que sin embargo se están volviendo toda una revelación: quiérete a ti mismo, cree en ti, brilla con luz propia...

Bielsa, por el contrario, dejó su puesto de trabajo la semana pasada como entrenador del Lille, un equipo francés en el que está desde principios de este año y en el que, como siempre pasa con él, empezar no ha sido nada fácil, siempre le va mal a Bielsa cuando empieza. Y entonces, hace unos días, le pidió al club que lo dejaran viajar a Chile, pues su amigo del alma, el preparador físico Luis Bonini, se estaba muriendo de cáncer.

En el club le dijeron que no, que no se podía ir. Así que el ‘loco’ no lo pensó dos veces: cogió su maleta y se fue, alcanzó a llegar al funeral de su mejor amigo. En un mundo caracterizado y envilecido cada vez más por darle una importancia desmedida a lo que no la tiene –el poder, el trabajo, la opinión ajena, el fútbol–, Bielsa demostró una vez más que la amistad está por encima de todo, de todo.

Y ahora parece que lo van a echar, le cerraron las puertas del entrenamiento en la cara. El domingo pasado el equipo jugaba y hay una foto de Bielsa que se hizo viral: sentado en una cafetería, viendo el partido en un computador como si lo viera desde la banca. Lo está dirigiendo, así son los grandes.

Como en el poema de Quevedo: “Su honor precioso, en ánimo valiente, de sola honesta obligación armado”. Para qué más.

JUAN ESTEBAN CONSTAÍN 
catuloelperro@hotmail.com

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