Opinión

Así mejor

Son muchas las mujeres que tenían los méritos para estar allí. Nada cuesta reconocerlo y aprender.

09 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

Cada vez me aburren más los encuentros literarios: cada vez los esquivo con menos remordimientos y pudor, pues siempre llevo a la mano un pretexto y una excusa y una razón –sobre todo una razón– de mucho peso, y es que tengo tres hijas y me dedico de lleno a cuidarlas y a estar con ellas, repartido además entre dos ciudades, así que casi nunca puedo nada.

Entiendo, sí, que esos ‘encuentros’ tratan de serlo de verdad y que nacen del esmero y el entusiasmo de sus organizadores y que en ellos a veces ocurre el milagro de un diálogo entre un escritor y sus lectores: el milagro que prolonga ese otro milagro, el mejor de todos, de que exista de la nada un libro que llega a unas manos para conmoverlas. No hay libro que no sea una botella de náufrago.

Pero en fin: yo preferiría no ir a encuentros ni a festivales ni a nada de eso, y cuando lo hago es porque se han sumado varios azares, y entonces voy. Por eso tampoco me siento excluido, al revés, cuando no me invitan, y jamás se me ocurre pensar que en ese tipo de decisiones pudiera haber una ‘mano negra’ o la intención truculenta de una camarilla que quiera dejarme por fuera de nada, no.

Solo que yo soy hombre y he tenido la fortuna de haber publicado mis libros con dos editoriales grandes y reconocidas. Y eso es algo de lo que no me avergüenzo en absoluto, ni más faltaba. Pero sé muy bien que hay muchísimos casos que son distintos, y es ahí donde cobran tanto sentido, quizás, esos espacios de promoción y difusión de lo que hace la gente, los creadores.

En una sociedad carcomida por el machismo y la exclusión, como la nuestra, quienes tienen la responsabilidad de lo público deben refinar aún más su sensibilidad.

Sobre todo cuando en esos espacios interviene el Estado: cuando en ellos hay una dimensión ‘pública’ de la cultura –no sé si haya otra–, y el arte se vuelve la muestra representativa de los valores de una sociedad, su mejor espejo, y sí que lo es, no solo de su genio y de su mentalidad sino también de sus mecanismos de exclusión y de sus peores complejos y sus peores lastres. El arte revela así aun a los poderes que lo condicionan.

Y hay quienes dicen, con razón, que los valores estéticos no pueden someterse al principio burocrático e igualitario de la paridad; la calidad del arte no se puede establecer por cuotas de género ni por decreto. Pero es que esa es otra discusión, en la que la verdad es aún más brutal y descarnada: nada vale en el arte salvo el arte mismo, y eso; no hay mecanismos de promoción que puedan vencer ese misterio, al final solo queda lo bueno.

Y siempre habrá quien se sienta ofendido y anulado; siempre será ingrata la tarea de hacer algo, lo que sea. Pero en una sociedad carcomida por el machismo y la exclusión, como la nuestra, quienes tienen la responsabilidad de lo público deben refinar aún más su sensibilidad, a eso están obligados: a saber que nunca es suficiente lo que hagan y que hay que pensarlo todo dos veces para hacer mucho más.

Yo conozco, por ejemplo, a Roberto Salazar, quien ayudó a hacer la famosa y ya oprobiosa ‘lista de París’: la de unos escritores que van a ir allá a un evento de Colombia y Francia. No se me ocurre nadie más riguroso que él, nadie más entusiasta y noble. Y aclaro que yo no estoy invitado, aunque en una foto que circula del evento salgo por ahí: como esos jugadores que no van al Mundial pero sí están en el álbum de Panini.

Pero es evidente que han debido contar con las mujeres, son muchas las que tenían los méritos para estar allí. Nada cuesta reconocerlo y aprender, de eso se trata también. Es más: los escritores colombianos –jamás decir “el sector cultura”: ahí se acaba todo– deberíamos pedir que siempre que haya un evento así la participación sea paritaria y equitativa: que haya en ellos tantas mujeres como hombres, por qué no. Talento hay, y mucho.

Sería lo más justo y lo mejor, para empezar. Y de eso se trata.

JUAN ESTEBAN CONSTAÍN
catuloelperro@hotmail.com

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