Opinión

Aquí no

¿Quiere sentarse, señor viandante, descansar o tomarse un tinto? Allá, esto es propiedad privada.

23 de noviembre 2017 , 08:15 p.m.

Alguien me mostró la imagen en internet, donde ya es lo que ahora llaman ‘viral’ y mucha gente, con toda la razón, la está colgando y compartiendo enfurecida entre comentarios e interjecciones que son de indignación, de estupor, de incredulidad, de desconsuelo por la especie humana y sus bajezas: como si allí hubiera un símbolo agotador de todo lo que está mal en este país y en el mundo; como si fuera increíble.

Y lo es. Tanto que no sé ni siquiera cómo describir la foto: la tomó Alexánder Gamboa –no lo conozco– y en ella se ve un típico ‘murito’ bogotano: una de esas como materas de ladrillo que están en los edificios de la ciudad, afuera, y que son una especie de paso previo de las porterías. Lo digo mejor: el sitio donde uno esperaba sentado el bus del colegio; el paradero por excelencia de esta ciudad inhumana y feroz.

La foto es una foto esquinera: el muro es un triángulo que se cierra, por dentro tiene tierra, unas flores muy bellas. Pero entre las comisuras de cemento que unen a los ladrillos se ve algo grotesco, algo que no tiene casi explicación: un alambre de púas tendido a lo largo, como si estuviera bordado, como si lo hubieran ido cosiendo con una aguja para que al final nadie se pueda sentar en ese lugar.

/ Espacios y violencia #01 / en #ciudad de #bogota .

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Ese es el mensaje brutal de ese muro con su alambre de púas: aquí no; aquí no se sienta ni se hace ningún hijueputa, o aun el que no lo sea, nadie es perfecto, largo de aquí. La violencia total, la negación por principio de cualquier matiz o cualquier diálogo o cualquier reflexión. ¿Quiere sentarse, señor viandante, quiere descansar o tomarse un tinto o tocar guitarra? Allá, esto es propiedad privada. A los parques, a la calle.

Pero lo que más desconsuela de esa foto a la gente no es solo la imagen que hay en ella, una derrota por sí misma, un misterio, sino la absoluta certeza de que en este mundo hay quienes son así sin el menor problema, sin ningún remordimiento. ¿Así cómo? Pues así: alguien que llega al proceso mental complejísimo, refinado y retorcido de bordar un alambre de púas en un murito de ladrillo para que nadie se siente en él.

El trasfondo moral es ese: el de los millones de seres que pueblan el mundo y cuya pasión más profunda, cuya razón de ser, es mortificar a los demás, hacerles la vida miserable.

Habrá otras discusiones que plantea la foto, claro, sobre la propiedad privada, por ejemplo, sobre el derecho que tiene cada quien de hacer lo que se le dé la gana con su casa, ni más faltaba que no. Pero el trasfondo moral es ese: el de los millones de seres que pueblan el mundo y cuya pasión más profunda, cuya razón de ser, es mortificar a los demás, hacerles la vida miserable.

Quizás estoy siendo injusto y esa foto sí tiene alguna explicación; si es así, lo siento mucho. Pero no es difícil imaginarse la escena detrás de ella: una asamblea de copropietarios –el infierno, mucho peor que el infierno– y llega ese momento fatídico del orden del día: ‘proposiciones y varios’. Entonces doña Elvirita, o don Nicanor, levanta la mano y sí dice: “Un momento, un momento: yo sí quiero tocar un tema que es muy importante...”.

La cuadra en la que vivo la cuida por las noches un señor admirable, don Gabriel, se llama; va siempre con su perro, Niño. Tenía una caseta en la que descansaba pero una señora emperifollada (sin juegos de palabras, por favor) se la hizo tumbar porque cuando salía en su carro no podía ver bien hacia el otro lado de la calle. Ahora él se la pasa toda la madrugada caminando, sin parar, de aquí para allá.

Es lo que cuenta Stefan Zweig de cuando llegaron los nazis a Austria: su primera ley no fue gran cosa, solo impedirles a los judíos que se sentaran en las bancas de los parques. Javier Marías siempre dice que allí, en esa medida insignificante, ya estaban contenidos todo el horror y toda la infamia del nazismo.

Ese es el mal: la mezquindad, lo pequeño, lo ruin. Siéntese allá, aquí no.

JUAN ESTEBAN CONSTAÍN
catuloelperro@hotmail.com

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