Opinión

Los amigos enfermos

Los amigos que he perdido, ha sido solamente porque se los ha llevado la parca.

14 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

Uno se cree inmortal hasta que ve que los amigos se van muriendo. Son ellos el pie a tierra que permite que esta maquinaria portátil tenga un sentido y un motivo de celebración cada que conviene. Los amigos son hermanos que nacieron en otra casa. Hay amigos que son el bastón de mando señalando el camino que no tiene pierde, pero hay otros que son el bastón que uno necesita cuando anda cojo. Nada es más conmovedor que una mesa de amigos alzando cada uno la copa para brindar por el otro. Y más cuando son los cómplices en una pasión desbordada, como en el caso presente son el arte y la poesía envueltos en un manto de irreverencia.

En los últimos pasares he perdido amigos que se me han ido llevando parte del alma. Sus manos me hacen falta como la cuchara de cada día. Su parla señalándome sorpresas en los libros o en los paisajes que había dejado pasar desapercibidas. Su efusión al presentarme una amiga o invitarme en el restaurante a un buen baby.
Mandándome un video con los Beatles cantando: “Yo no olvido el año viejo, porque me ha traído cosas muy buenas”. Y hasta defendiéndome con los dientes de algún atorrante borracho. De las amantes que he tenido tan solo me restan las que me quedan, pero los amigos que he perdido, ha sido solamente porque se los ha llevado la parca.

Reseño algunas recientes desapariciones. La de quien me aprovisionara de preciosos libros nunca antes encontrados, a precios de inquisición, y me leía sus versiones de poetas chinos en la librería Trilce, Guillermo Martínez, quien ahora vive en mis anaqueles, donde cada mañana lo saludo con el plumero.

Y se fue el impetuoso y providencial Gérrimo, Gerardo Rivas Moreno, editor de mi primera antología arbitraria, quien fue capaz de publicar más de quinientos títulos, desde joyas bibliográficas hasta folletos flaquitos de poesía, a la manera del inolvidable Simón Latino.

Y también cambiaron de vecindario el poeta Rogelio Echavarría con su centenar de reediciones de 'El transeúnte', y Alonso Aristizábal, cultor de todos los géneros, ambos gozosos anfitriones y brillantes parlantinosos, con quienes la culta carcajada estaba siempre dispuesta.

Los amigos son hermanos que nacieron en otra casa. Hay amigos que son el bastón de mando señalando el camino que no tiene pierde, pero hay otros que son el bastón que uno necesita cuando anda cojo.

Una de las antesalas de la partida suele ser la enfermedad, el deterioro físico, una sorpresa de la que el cuerpo da cuenta. Es allí donde intervienen la ciencia médica, los tratamientos alternativos y el milagro propiciado por las oraciones de los amigos, que no es un cuento como todos creímos en un principio. He participado en este tipo de ceremonias y doy fe de que varios superaron su trance.

En este momento propongo hacerlo con dos personajes a cual más significativos y realizados en su trabajo con el arte del país y del mundo. El uno es el pintor Ángel Loochkartt, a quien trajeron a Barranquilla su padre holandés capitán de barco y su madre inglesa, vía Curazao. Luego de empapar sus pinceles en Europa regresó convertido en un carnaval, pues a la destreza de su mano danzante sobre las telas añadió una fuerza expresiva y un humor loco que desde siempre conllevaron el pasmo y la admiración a los amantes delirantes del arte como del amor sin amarras. Su obra, que abarca temas diversos, por lo general transgresores, fiesteros, populares, pecaminosos, ha mantenido viva y ensalzada esa tradición currambera que no decrece. Él y su obra son el trueno incesante, el ritual y la transgresión, la vitalidad disfrazada para asustar a la muerte, el color que se baila, la transexualización del desfile, la embriaguez del gesto patético que conduce a la carcajada.

El otro amigo de la vida es Álvaro Medina Amadis, también de Barranquilla, novelista, cuentista, poeta y, como crítico de arte, tal vez el más severo y profundo que hayamos dado. Desde muy joven militó con nosotros en el nadaísmo. Se somete a quimioterapias. Estos dos personajes han sido milagrosos en sus tareas, y el milagro está en deuda con ellos. Trabajemos porque así sea.

JOTAMARIO ARBELÁEZ
jotamarionada@hotmail.com

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