Opinión

Octavio Escobar Giraldo, Premio Nacional de Novela

Este es un reconocimiento a un escritor que viene trabajando la palabra con una disciplina intelectual admirable.

26 de septiembre 2016 , 05:18 p.m.

El Ministerio de Cultura otorgó este año el Premio Nacional de Novela a la obra ‘Después y antes de Dios’, del escritor manizaleño Octavio Escobar Giraldo, un médico dedicado a la literatura antes que a ejercer la medicina. Profesor de la Universidad de Caldas, este novelista, que inició su carrera literaria escribiendo una serie de libros donde el universo narrativo no tenía nada que ver con el espacio geográfico donde transcurre su vida, alcanza este reconocimiento con una novela que recrea dos hechos que conmovieron a la sociedad manizaleña: el asesinato de una señora por parte de su hija y una pirámide montada por un sacerdote que huye después de que sus feligreses le entregan sus ahorros confiados en que van a recibir altos intereses.

¿Qué significa para Octavio Escobar Giraldo la obtención del Premio Nacional de Novela? En primer lugar, proyectar su obra literaria en el contexto nacional. Aunque sus libros han sido publicados por reconocidas editoriales, el escritor manizaleño todavía no ha logrado penetrar con fuerza en un mercado más amplio como para lograr ventas significativas. Ser en este momento uno de los autores más representativos de la narrativa caldense, al lado de escritores como Orlando Mejía Rivera, Eduardo García Aguilar y Adalberto Agudelo Duque, le ha garantizado a Escobar Giraldo proyectar su nombre más allá de su propio entorno geográfico. Este premio es una puerta que se le abre para consolidarse, y para que lectores de otras regiones del país se acerquen a sus libros.

Que ‘Después y antes de Dios’ haya sido escogida por encima de obras como ‘La forma de las ruinas’, de Juan Gabriel Vásquez; ‘La oculta’, de Héctor Abad Faciolince, y ‘Una casa en Bogotá’, de Santiago Gamboa, es demostrativo de la calidad narrativa que caracteriza el trabajo novelístico de Escobar Giraldo. Ese estilo como de secuencia cinematográfica, que muestra al lector en escenas rápidas hechos notables en el argumento, llamó la atención de un jurado que no ahorró elogios para una novela que vuelve sobre un tema recurrente en los últimos trabajos literarios del autor galardonado: Manizales. En efecto, después de ‘El último diario de Tony Flowers’ (1995), ‘El álbum de Mónica Pont’ (2003) y ‘Saide’ (1995), Escobar Giraldo se arriesgó a novelar sobre su ciudad.

Mientras en ‘Saide’ habla de Juanchaco, en ‘El último diario de Tony Flowers’, de Nueva York, y en ‘El álbum de Mónica Pont’, de Madrid, en sus últimas tres novelas este escritor ha experimentado literariamente con las coordenadas de su espacio vital. ‘1851, folletín de cabo roto’ (2007), ‘Cielo parcialmente nublado’ (2013) y ‘Después y antes de Dios’ (2014) conforman una trilogía novelística donde Manizales se convierte en el motivo de sus reflexiones sobre la sociedad, la política y la historia. Escobar Giraldo se regodea dándole universalidad a la aldea. En estos tres libros aparece Manizales con sus calles, con sus centros de diversión, con su tradicionalismo católico y con sus costumbres ancestrales.

El Premio Nacional de Novela concedido a Escobar Giraldo es un reconocimiento a un escritor que viene trabajando la palabra con una disciplina intelectual admirable. Desde sus primeros libros de cuentos, ‘Las láminas más difíciles del álbum’ (1995) y ‘De música ligera’ (1998), el escritor empezó a interesarse en el tema de su ciudad. Pero también comenzó a delinear una obra narrativa donde, por su modernismo, se nota la influencia del cine en la forma de contar una historia. Su habilidad narrativa le permite manejar, con propiedad, la metaficción y la intertextualidad. También una técnica que Orlando Mejía Rivera identifica como “minimalismo narrativo”, donde los diálogos, aunque secos, son creíbles, porque “están construidos sobre el silencio de lo no dicho”.

En ‘Después y antes de Dios’, el autor despliega su habilidad narrativa para desnudar ante el lector a la sociedad manizaleña. Ángela Botero Estrada, una prestigiosa abogada, asesinó a su señora madre, una anciana de setenta y cinco años. El lunes después del crimen, huye de la ciudad. Este hecho lo aprovecha Escobar Giraldo para tejer con el cuidado de un hortelano una historia donde convergen las virtudes y defectos de la sociedad manizaleña. Aquí se habla sin eufemismos sobre familias que antes tuvieron dinero y, por la crisis cafetera, quedaron en la pobreza; pero no renuncian a ser socios del Club Manizales ni al carro último modelo, porque no quieren bajar de estatus social.

José Miguel Alzate

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