Opinión

Los errores políticos de Mauricio Lizcano

Tres errores del congresista le saldrían caros. El primero es su decisión de no regresar al Senado.

11 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

Mauricio Lizcano Arango ha tenido una vertiginosa carrera política. Irrumpió en la vida pública en el año 2002, cuando el entonces alcalde de Manizales, hoy ministro de Transporte, Germán Cardona Gutiérrez, lo nombró secretario de Tránsito. Estaba recién egresado de la Universidad del Rosario. Desde entonces, el éxito lo ha acompañado. Tanto que cuatro años después, por recomendación del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, fue incluido en la lista para la Cámara de Representantes por la circunscripción electoral de Caldas, con el aval del Partido Social de Unidad Nacional. Pronto tomó vuelo propio. Sus alas se desplegaron tanto que desplazó a Adriana Gutiérrez Jaramillo, quien siendo senadora lo impulsó para que obtuviera los votos para alcanzar la curul.

Cuatro años después de su experiencia como representante a la Cámara, Mauricio Lizcano Arango puso sus ojos más alto. Se fijó entontes, como meta para el periodo legislativo siguiente, llegar al Senado de la República. Y lo logró. En las elecciones del 15 de marzo del 2010, su nombre obtuvo  un total de 66.693 sufragios, superando por 2.244 votos a Adriana Gutiérrez Jaramillo con relación a la campaña de cuatro años atrás. En el siguiente debate electoral aumentó su fuerza política. En las elecciones del 9 de marzo del 2014 alcanzó 96.525 votos, casi 30.000 más que en su primera elección. Solo en Caldas obtuvo 35.424 votos, mientras que en el resto del país alcanzó 61.101. En Antioquia obtuvo 46.933.

¿A qué viene este recuento de la votación obtenida por Mauricio Lizcano Arango en las dos oportunidades en que ha puesto su nombre a consideración de los electores para llegar al Senado de la República? Es fácil explicarlo. Uno no entiende cómo un líder político que obtiene semejante votación decide de un momento a otro no volver a aspirar a la corporación que lo hizo su presidente. ¿Desencanto con la vida parlamentaria o deseos de llegar a destinos más altos? Vaya uno a saberlo. Pero lo cierto es que después de haber alcanzado a tan temprana edad, 40 años, la dignidad de presidente del Senado de la República, suena raro que no quiera aspirar de nuevo a esa corporación. ¿Lo tentó Germán Vargas Lleras con un ministerio en caso de que llegue a la presidencia?

La región necesita llevar al Senado a una persona que conozca el departamento, que le duelan nuestros problemas, que haya nacido en esta tierra.

Esta sería la explicación para que un hombre que ha hecho una carrera meteórica en la política decida renunciar a volver a ocupar una curul en el Congreso. ¿Está tan seguro del triunfo de Vargas Lleras como para decidirse a alejarse del Senado, con todo lo que significa en materia de representatividad política estar en esta corporación? Si Germán Vargas Lleras no llega a la presidencia, a Mauricio Lizcano se le truncará su futuro político. No es lo mismo contar con el poder que brinda ser Senador de la República que estar por fuera de esa corporación. Sin esa curul, no le queda fácil exigir cuotas burocráticas. Este es el primer error que se le puede señalar a Mauricio Lizcano. Si dentro de cuatro años decide regresar al Senado, no obtendrá la votación que logró en el 2014.

Tres errores del senador Mauricio Lizcano Arango le pueden salir caros. El primero es su decisión de no regresar al Senado. Esta determinación tiene un alto costo político. El segundo es pedirles a los caldenses que voten por un antioqueño para el Senado de la República. Imponer el nombre de alguien que en Caldas nadie conoce es una estrategia peligrosa. La región necesita llevar al Senado a una persona que conozca el departamento, que le duelan nuestros problemas, que haya nacido en esta tierra. Ponerle votos a quien nunca ha recorrido nuestros pueblos es pensar que en Caldas no hay líderes que nos puedan representar y, sobre todo, que puedan defender nuestros intereses. No se les pueden cerrar de esta manera las puertas a caldenses que tienen las condiciones para postularse.

Otro grave error del expresidente del Senado de la República es poner a su señor padre, Óscar Tulio Lizcano, como candidato a la Cámara de Representantes. En el movimiento que sigue sus orientaciones políticas hay jóvenes formados para servirle a Caldas. Lo que Mauricio Lizcano está haciendo es cerrarle las puertas a una juventud que viene empujando para ganarse espacios en la política regional. Su señor padre ya tuvo la oportunidad de estar en la Cámara. Y, hasta donde sabemos, está jubilado con sueldo de parlamentario. Este departamento necesita líderes que trabajen por su desarrollo, sangre joven que convenza a la juventud de que es necesario comprometerse si quieren ayudar a construir una región con mejores oportunidades.

JOSÉ MIGUEL ALZATE

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