Opinión

‘La guerra de los violines’, una excelente novela

La obra de Fernando Ayala Poveda es un conmovedor testimonio de la vida dentro de la guerrilla.

31 de mayo 2017 , 12:00 a.m.

Qué puede llevarlo a uno como lector a internarse con alegría, durante una semana, en la lectura de un libro de 500 páginas? Las respuestas son varias. Van desde el encanto de una prosa con un ritmo narrativo que obliga a pasar páginas casi sin tomar aliento, pasando por la exaltación de unos personajes que simbolizan el anhelo de libertad de un continente, hasta el interés por un tema que por su valor histórico obliga a internarse en un argumento en el cual ficción y realidad se condensan de manera afortunada.

Estas son apenas tres de las razones que me llevaron a devorarme con pasión el libro ‘La guerra de los violines’, de Fernando Ayala Poveda. A estas razones súmeseles otra: la calidad literaria de una prosa donde fluye el estilo de un escritor con destreza narrativa.

Pues bien, me sumergí en la lectura del libro ‘La guerra de los violines’ por dos razones. La primera: tenía conocimiento sobre la estética del lenguaje que en sus obras literarias maneja Fernando Ayala Poveda. La segunda: el valor semántico de una narrativa donde el lenguaje permite estructurar un libro polifónico. Las voces que en la obra se escuchan transmiten la angustia de unos personajes preparados desde su ideología para hablar sobre la necesidad de alcanzar la paz. Francis Abril es una mujer que anhela vivir en un país donde la violencia sea solo historia. Este personaje femenino, que se mete en el alma de Frida Kalho, trasciende por esa imagen de heroína con que el escritor la retrata en este libro que es una alegoría sobre la violencia que ha padecido Colombia.

La tragedia nacional está contada en ‘La guerra de los violines’ desde dos ópticas de narración distintas. De un lado, una obra de teatro montada para mostrar la realidad de un país que ha vivido una guerra de cincuenta años, donde los protagonistas no miden las consecuencias de un enfrentamiento armado que destruye la riqueza nacional. Del otro, unos mosaicos escritos en un lenguaje exquisito, con el cual un narrador fornido va enseñando cómo se vive la guerra dentro de un grupo insurgente. La novela es una sinfonía de voces que van contado sus vivencias en el monte, siempre huyendo del acoso de las autoridades. En esa estructura dual, el lector conoce el pensamiento de los personajes sobre la violencia que sacude toda una nación.

Metiéndose en el alma de esas mujeres que en el mundo han luchado por la libertad, le transmite al lector un mensaje de dignidad frente a las adversidades de su existencia

Ayala Poveda narra esa violencia valiéndose de elementos extraliterarios que le dan contextura social a la novela. Francis Abril, el personaje central, que prepara un café de excelente aroma, encarna a todas esas mujeres que en América han luchado por la libertad de sus países. Perseguida, encarcelada, torturada, narra su vida en la guerrilla, su amor por la patria que la vio nacer, sus deseos de construir una Colombia mejor. Metiéndose en el alma de esas mujeres que en el mundo han luchado por la libertad, le transmite al lector un mensaje de dignidad frente a las adversidades de su existencia. Ella tiene en Frida Kalho un modelo de vida. Admira a María Cano, y llora las muertes del Che Guevara y del padre Camilo Torres.

En Colombia, la violencia ha sido mil veces contada. Sin embargo, cada autor lo ha hecho de distinta manera. En el caso de Ayala Poveda, su novela es un testimonio de la vida dentro de la guerrilla. Si Gustavo Álvarez Gardeazábal retrató con pincelada maestra a León María Lozano, que también aparece como referente histórico en ‘La guerra de los violines’, el escritor de Tunja logra un fresco de excelente calidad literaria sobre cómo los grupos guerrilleros condicionan la vida de quienes habitan en sus zonas de influencia. Sus desplazamientos por las montañas, sus tácticas de combate, sus luchas internas por el mando, sus estrategias de sobrevivencia, sus formas de financiación están narradas en esta novela con sujeción a la realidad.

En esta novela despiertan la atención la frescura del lenguaje, la habilidad narrativa, la poesía que se asoma espléndida, la capacidad descriptiva y el erotismo yacente en algunas escenas. También, la música como vaso comunicante. En este sentido, el autor toma frases enteras de reconocidas canciones populares tanto para estructurar diálogos como para narrar momentos explícitos. La música popular tiene espacio en una novela que expone sin artificios retóricos los sentimientos, las angustias y las vicisitudes de seres humanos que tomaron el camino de las armas convencidos de que con ellas iban a transformar a Colombia. Además se insinúa, desde la primera línea, la necesidad de construir la paz para hacer de Colombia un país con oportunidades.

JOSÉ MIGUEL ALZATE

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