Opinión

Manual para convencer a indecisos

El principal reto en esta campaña es rescatar el plebiscito de la falsa dicotomía 'Santos vs. Uribe', para restablecer el dilema verdadero de 'reconciliación vs. violencia'.

01 de septiembre 2016 , 04:58 p.m.

Aunque los resultados de la última encuesta Invamer-Gallup (la más fiable de las hasta ahora conocidas porque tiene la muestra más robusta y representativa) dibujan un panorama optimista para el plebiscito (67 % por el ‘Sí’ y 35 % por el ‘No’), la cifra más importante es que apenas el 35 % del electorado está seguro de que saldrá a votar. Esto nos deja con un saldo enorme de votantes que aún pueden sumar para ambas opciones.

Es de esperarse que a medida que avance la campaña, más personas decidan ir a las urnas como resultado del aumento de los gastos de campaña y el creciente cubrimiento mediático, dos predictores clásicos de una mayor participación electoral. La pregunta clave para quienes promovemos el ‘Sí’ es cómo convencer a los votantes indecisos e incluso hacer cambiar de opinión a quienes por ahora piensan votar negativamente. A continuación, cinco directrices:

1. Se ha repetido hasta la saciedad, pero urge desligar el plebiscito de Santos y su baja popularidad. Votar en contra del plebiscito por la insatisfacción con el gobierno del actual presidente es un tiro en el pie para cualquier ciudadano. A Santos le quedan menos de dos años de gobierno pero, de reactivarse la guerra, siendo optimistas al país le tomaría por lo menos otra década volver a estar tan cerca de acabar el conflicto. En otras palabras: con el ‘No’ al fin de las Farc perdemos todos los colombianos, santistas y uribistas incluidos. El principal reto de comunicación en esta campaña es, entonces, rescatar el plebiscito de la falsa dicotomía “Santos vs. Uribe”, para restablecer el dilema verdadero de “reconciliación vs. violencia”.

2. Usar estratégicamente las emociones en política. El grueso de la literatura sobre el tema indica que los mensajes centrados en emociones positivas, como la esperanza y el optimismo, solo sirven para afianzar la posición de votantes que ya están a favor de la causa. Por el contrario, emociones negativas como el miedo y la preocupación tienen el efecto de aumentar los niveles de atención y, por ende, abren canales para la transmisión más efectiva de la información entre votantes indecisos y desatentos. Por ejemplo, a una persona que aún no ha dimensionado la importancia de votar positivamente el plebiscito cabe recordarle que no hacerlo conduciría a una reactivación del conflicto y, por tanto, al aumento automático del número de muertos: hoy en día tenemos la tasa de homicidios por 100.000 habitantes más baja de los últimos 20 años. Algo de cifras sobre los costos tanto humanos (220.000 muertos, 7 millones de desplazados) como económicos (5 % del PIB y 20 % del presupuesto nacional gastado en defensa, en lugar de salud y educación) de la guerra ayudan a resaltar la trascendencia histórica del plebiscito. Lo que planteo no es terrorismo electoral, sino una buena dosis de realismo frente al irresponsable belicismo que subyace a actitudes perfeccionistas o de indiferencia.

3. Es falso que se pueda “renegociar el acuerdo”. Es mentiroso el planteamiento de quienes pretenden, en caso de que ganara el ‘No’, forzar a las Farc a aceptar lo que en realidad sería un sometimiento con penas estrambóticas de privación de la libertad y muerte política de los guerrilleros (que se alzaron en armas justamente porque no tenían viabilidad política). Una negociación implica concesiones mutuas o de lo contrario no existe. Lo que desean los detractores del acuerdo es en realidad una rendición que no fue posible en medio siglo de hostilidades.

4. No todos los uribistas votarán negativamente en el plebiscito. Hace algunas semanas, un campesino en Valencia (Córdoba) dijo: “Soy uribista pero voy a votar por el ‘Sí’ porque he sufrido mucho con esta guerra”. Sentir simpatía por Álvaro Uribe no implica tirarse al abismo de más violencia que supone su odio contra Santos. Entre los elegidos del Centro Democrático no hay militantes sino súbditos que están pagando un cargo regalado y no pueden contradecir públicamente al caudillo sin caer en desgracia dentro del partido (aunque no es de descartar que, como el voto es secreto, varios terminen votando positivamente). Pero entre los demás simpatizantes, hay personas que no tragan entero. No todos son votantes domesticados que siguen ciegamente los disparates del mesías. A muchos se les puede hacer caer en la cuenta de que, respecto del plebiscito, los quieren convertir en instrumentos de una venganza personal: está bien documentado que Uribe siempre quiso negociar con las Farc mientras fue presidente y hacerles todavía más concesiones de las consignadas en el Acuerdo Final. Su móvil, entonces, no es el contenido del acuerdo sino el resentimiento contra el Presidente.

5. El peor consejo que se le puede dar a un indeciso es que se lea las casi 300 páginas del acuerdo. En primer lugar, porque lo más probable es que no lo haga. El colombiano promedio lee apenas 1,9 libros al año, pero además es racional que no gaste su escaso tiempo de lectura (que no se debe, como la gente piensa, a la pereza sino a la falta de tiempo en medio de las obligaciones laborales) en un mamotreto lleno de tecnicismos que al final puede dejarlo más confundido. El Acuerdo Final es un documento que no fue diseñado para enseñárselo al gran público sino para lograr consensos sobre puntos extremadamente complejos de política pública con miras a reconstruir un país azotado por la violencia. La pedagogía del acuerdo consiste justamente en presentar en forma sintética lo que su tenor literal no logra comunicar eficazmente y puntualizar sus beneficios: que Colombia será un país sustancialmente mejor para vivir gracias a la desmovilización de las Farc así ello implique hacer algunos sacrificios, razonables en términos de costo-beneficio, frente a unas aspiraciones de justicia retributiva que no pasan de ser fantasías porque el estado de guerra normaliza la plena impunidad.


José Fernando Flórez

* Abogado y politólogo@florezjose

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