Opinión

Muy bonito, pero ¿cómo llegamos al estadio...?

El transporte de los equipos no está reglamentado. La Conmebol deberá velar por este punto.

13 de febrero 2017 , 01:09 a.m.

Las peripecias que afrontó Atlético Tucumán para llegar a Quito el último martes le dieron un barniz de hazaña al triunfo del cuadro albiceleste sobre El Nacional. Y ya forman un capítulo destacado en el libro histórico de la Libertadores. Volumen muy abundante, por cierto. Seguramente, nunca se sabrá por qué su avión chárter no fue habilitado para salir de Guayaquil y por qué el vuelo de línea que habían conseguido tampoco recibió a tiempo autorización para despegar. Finalmente, la enérgica gestión del embajador argentino Luis Juez permitió que el enfrentamiento se dilucidara en la cancha, como debe ser siempre, y no en los despachos. Y allí, Atlético se impuso de manera legítima. Más que eso: inobjetable. No nos extrañó en absoluto, porque sabemos del carácter de los muchachos del Decano. Hallamos muchas similitudes espirituales entre este Atlético y el Independiente del Valle 2016: especialmente, la humildad y bravura. Ahora le toca otra parada dura en el camino: el Junior de Barranquilla, un club con tradición, aunque valdría no descartar a los tucumanos.

Ese angustioso y novelesco viaje Guayaquil-Quito puso al descubierto un nuevo fenómeno al que estamos asistiendo en América del Sur: la escasa oferta de transporte aéreo para los equipos, que comienza a entrañar peligros o inconvenientes serios. Antiguamente, la Copa Libertadores reunía a 20 equipos (hoy son 47, o sea, 135 % más). Además, el fútbol continental era muy capitalino o estaba circunscrito a las grandes ciudades. Ejemplo: Boca, River, Independiente, Racing, en Buenos Aires (Avellaneda es un distrito pegado a la gran ciudad); Peñarol, Nacional y los demás representantes uruguayos, todos de Montevideo; Cerro, Olimpia, Guaraní, Libertad, de Asunción; Colo-Colo, Católica, la ‘U’, Unión Española, etc., de Santiago; Universitario, Alianza, Cristal, de Lima; Barcelona, Emelec y Liga, en dos urbes importantes; los mejores equipos colombianos distribuidos en el triángulo Bogotá-Medellín-Cali; los bolivianos Bolívar, The Strongest, Oriente Petrolero, Blooming, Wilstermann, también en el trípode La Paz-Santa Cruz-Cochabamba; y los brasileños, en cuatro locaciones pero todas ellas gigantes: San Pablo-Río-Porto Alegre-Belo Horizonte. Allí se asentaba el 90 % de los participantes, por lo que se facilitaban los traslados, ya que siempre hay vuelos a esos puntos tan populosos.

La ampliación de las copas Libertadores y Suramericana al estilo Champions League o Europa League ha puesto de manifiesto la debilidad continental en el transporte aéreo. Al menos para este tipo de eventos. Al haber más participantes, naturalmente hay más partidos. También hay más juegos a nivel nacional, por lo cual los equipos disponen de menos tiempo para viajar, jugar y volver. Décadas atrás, cuando alguno participaba en la Copa, hasta podía postergar su compromiso por el campeonato; ahora casi no se permite en ningún lado.

Adicionalmente, se presenta un inconveniente mayúsculo: entran a las competencias internacionales clubes nuevos de lugares lejanos y con poca oferta de transporte aéreo. Ejemplo, en esta misma Copa: Atlético Tucumán deberá estar el jueves en Barranquilla para medirse al Junior; si decide ir en vuelos de línea para evitar el problema con el chárter (ya lo anunció), deberá hacer tres tramos en aviones y hasta compañías diferentes: Tucumán-Buenos Aires (1.081 km por aire), Buenos Aires-Bogotá (4.659 km) y Bogotá-Barranquilla (711 km). Le demandará dos días y mucho cansancio. Esto, sin contar que hoy en día casi todos los vuelos están llenos.

La dificultad extra es la escasísima disponibilidad de empresas que brindan servicios especiales (chárteres). En Brasil, prácticamente no hay, por lo cual Chapecoense tuvo que ponerse en manos de la funesta LaMia. Además, las grandes compañías de aviación toman las providencias del caso, pero ¿cómo controla el jefe de una delegación deportiva que en un vuelo chárter se han tomado todas las precauciones y seguridades pertinentes…?

Nassib Neme, presidente del Emelec, nos refería justamente el jueves último, a manera de anécdota: “Nosotros hace tiempo decidimos no volar más en chárter. Desde que jugamos con Iquique en la Libertadores del 2013. Habíamos contratado un vuelo especial, lo habíamos pagado y el avión nunca apareció. Luego nos devolvieron el dinero, pero el daño estaba hecho. Tuvimos que hablar a la presidencia de la nación para que nos llevara un avión de Tame, que salió más caro pero apareció a tiempo y nos salvó; si no, perdíamos los puntos y además nos exponíamos a una sanción”.

Aquí es donde emerge la complicada silueta de las enormes distancias en América del Sur. En Europa es todo más sencillo y está a mano. Por eso, un equipo ruso puede ir sin problemas a Londres o a Milán o París. O incluso uno de Bilbao se moviliza plácidamente a Marsella, a Estambul o a Brujas. Los tramos son cortos, todas las ciudades son importantes y, por ende, tienen abundantes conexiones, hay gran cantidad de aerolíneas, aunque también son excelentes las carreteras y los trenes.

En el caso de la venidera Copa Suramericana, el problema puede agravarse porque la disputarán 54 equipos de más de 30 ciudades diseminadas por el mapa. Imaginemos un solo enfrentamiento en la primera fase entre dos debutantes absolutos: Boston River, de Montevideo, vs. Comerciantes Unidos, de Cutervo (Perú). Cada uno se encomendará como lo hizo Marco Polo en la ruta de la seda. Y hay que ver si Boston River no decide ser local en Maldonado, algo que muchos cuadros pequeños uruguayos han hecho en torneos internacionales para captar más asistencia. Eso obligaría a un desplazamiento más.

El transporte de los equipos no está en el reglamento de las Copas. No es resorte de la Conmebol en tanto cada uno elige el medio que más lo satisface. No obstante, dado que organiza las competencias y exige a los clubes llegar a tiempo y en forma, so pena de ser gravemente penalizados, deberá velar por este punto, que no es menor. Una comisión de expertos debería estudiar a fondo la manera más adecuada de viajar, hacer una lista de empresas de chárter confiables, hablar con las autoridades de la aviación de cada país, generar un marco de seguridad y agilidad. Decirles a los clubes: “Ah, no sé… Usted va y me juega el partido” es poco serio. Boston River, Comerciantes Unidos, incluso Atlético Tucumán, no son corporaciones multinacionales, hay que ayudarlos además a desplazarse.

Las desgraciadas experiencias de Huracán y Chapecoense, el dramático traslado de Atlético Tucumán no pueden quedar en anécdotas. Es hora de tomar nota y actuar.

JORGE BARRAZA

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