Opinión

Libertadores: ¿un mano a mano entre Brasil y Argentina…?

Los títulos no se compran, se consiguen. Chequera abundante no garantiza triunfos, pero los acerca.

04 de junio 2018 , 12:43 a.m.

Que la inminencia del Mundial no nos robe una reflexión. Esta noche serán sorteados en Asunción los cruces de octavos de final de la Copa Libertadores. Hace diez días terminó la fase de grupos con un saldo abrumador (también inquietante): 12 de los 16 clasificados a octavos de final son argentinos y brasileños, seis cada uno, o sea el 75 % de los que definirán la Copa pertenecen a solo dos países. Completan: dos paraguayos –Cerro Porteño y Libertad–, un colombiano –Atlético Nacional–, un chileno –Colo Colo, que con 8 puntitos arañó un casillero y se quedó con él por diferencia de gol–. La multitudinaria presencia argentino-brasileña dispara una pregunta: ¿es casual o marca una tendencia…?

Sin necesidad de refrescar la historia (entre ambos suman 42 de los 58 títulos), digamos apenas que el año pasado habían entrado también 6 brasileños y 4 argentinos. Y en 2015 fueron 5 argentinos y 4 brasileños. De modo que ya se puede hablar de una proclividad hacia la polarización.

No llegaron a la recta final equipos de Bolivia, Ecuador, Perú, Uruguay y Venezuela. Y no sorprende. Junto con las de Chile y Paraguay son las ligas menos pudientes económicamente. Lo de los representantes paraguayos tiene explicación: Cerro Porteño busca desde hace años, casi con desesperación, una corona internacional que lo aproxime al nivel de Olimpia, el llamado Rey de Copas paraguayo. Y apela una y otra vez a la millonaria chequera de su presidente Juan José Zapag, quien maneja 330 estaciones de servicio. En tanto Libertad, el equipo del presidente de la República, Horacio Cartes (lo presidió por más de diez años e inyecta o acerca recursos importantes), ha armado un equipo inusualmente costoso para el medio guaraní.

Nacional de Medellín, a su vez, es una de las tantas posesiones de la poderosa Organización Ardila Lülle, dueña de decenas de empresas en diferentes rubros. Nacional es uno de los chiches del conglomerado y por ello lo cuidan: siempre presenta excelentes equipos y entrenadores, capaces de competir con la máxima aspiración.

Colo Colo, por su parte, es una sociedad anónima –Blanco y Negro S.A.– perteneciente en alto porcentaje a Gabriel Ruiz-Tagle, riquísimo empresario y político. Como vemos, hay una fuerte razón financiera detrás de los pocos que intentarán derribar el muro casi impenetrable que representan los equipos brasileños y argentinos.

En el caso de Colombia y Chile rige el modelo de clubes privados. Con frecuencia vemos que muchos accionistas están ávidos por tomar ganancias, de modo que, cuando surge una figura, rápidamente la venden, y tampoco invierten demasiado en conformar planteles competitivos, la fórmula esencial y primaria para lograr grandes objetivos deportivos. No es el caso de Nacional.

La brecha inmensa entre Europa y Suramérica a nivel de club puede tener ahora un correlato dentro mismo del continente entre los dos grandes y el resto. ¿Por qué se distancian de los otros y monopolizan los éxitos…? No hay demasiados secretos, sí sólidas razones: 1) El potencial histórico de su fútbol, que siempre produce notables jugadores. 2) La tradición ganadora, que sin dudas genera una mística. 3) La inmensa grandeza y popularidad de sus clubes. 4) La fuerza del medio: los enormes ingresos que reciben por televisación, taquillas, cuotas societarias, publicidad, mercadeo, transferencias de jugadores, etcétera. 5) La autoexigencia permanente por nuevas conquistas y la presión de los hinchas por el mismo motivo.

Un dato ilustrativo: River Plate posee 146.000 socios, de los cuales alrededor del 85 % es activo, o sea unos 124.000 pagan su cuota mensual. Boca tiene 139.000; Independiente, 105.000; Corinthians, 135.000; Gremio, 115.000; Flamengo, 101.000.

Los títulos no se compran, se consiguen. Por eso, una chequera abundante no garantiza triunfos, pero los acerca. Días pasados compartimos una cena con el representante de Lautaro Acosta, la estrella y el símbolo de Lanús; comentó que tenían tres ofertas: una de China por 16 millones de dólares, otra de México por 6 millones y una de Lanús, para que renueve y se quede en el club, a cambio de 3,9 millones de dólares por tres años. Y oferta 3,9 para arreglar en 4,5. Es decir: Lanús, un club ordenado, aunque pequeño en comparación con los antes nombrados, le ofrece a su mejor futbolista 1’300.000 dólares al año de contrato, impensable en muchos otros países de la región. Esto da una idea de los valores que se manejan en Argentina, por ejemplo. Que son incluso bastante inferiores a los de Brasil.

Otro dato: Independiente está blindando a la mayoría de sus jugadores con una cláusula de rescisión de 20 millones de dólares. Obviamente, esto lo obliga a retribuirles con una remuneración acorde a esa cotización. Pero quienquiera llevarle un profesional importante deberá realizar una oferta millonaria.

Los demás países están muy lejos de esas cifras. Los hinchas en todos lados piden que se hagan fichajes de categoría, pero sus clubes no pueden gastar más de lo que generan y de lo que les permite el medio. Antiguamente, un club colombiano podía llevarse a Gareca o a Falcioni por 50.000 dólares. O conseguirse a Juan Ramón Verón por 5.000 mensuales, sin pagar por su pase. Eso no existe hoy. Además, en sus propios mercados se les dificulta conseguir promesas porque el que tiene un buen elemento lo vende directamente al exterior. Hasta los años ’80, todos los clubes chicos de Uruguay actuaban de semillero de Nacional y Peñarol. Mazurkiewicz, de Racing, iba a Peñarol; Victorino, de River, pasaba a Nacional. Todos así. Se terminó: ahora van de Wanderers, Defensor, Bella Vista sin escalas a Europa. Cavani es uno de los tantos ejemplos: fue de Danubio directo a Italia. Es una de las razones por las cuales pasaron treinta años desde la última Libertadores ganada por un uruguayo.

Incluso cuando surge un buen futbolista en los ocho países restantes, es muy posible que emigre hacia Brasil o Argentina, lo que viene sucediendo en estos tiempos. Boca solamente tiene cuatro colombianos. Eso los desarma aún más contra quienes deben competir. Lo mismo acontece con los técnicos.

También influye otro ítem: la distribución de cupos. Los brasileños tienen 7; los argentinos, 6 y el resto, 4. Claro que esa mayor porción de torta la ganaron deportivamente, con los títulos conquistados. Además, aportan las mayores recaudaciones, y son los más apetecidos por la televisión para el horario central; por lo tanto, la carta para obtener mejores contratos.

Lo que se advierte, ‘prima facie’, es que los clubes de los otros países, de momento, deberán conformarse con interrumpir cada tanto la serie de títulos de las dos potencias continentales. En este punto, Atlético Nacional sigue siendo el abanderado para intentar destronarlos.

Boca, River, Independiente, Estudiantes, Racing, Corinthians, Palmeiras, Cruzeiro, Gremio, Santos, Flamengo… ¿Quién podrá levantar el entrañable y reconocido trofeo este año…? Son todas cartas bravas, apostamos dos dólares: uno a los pies de Gremio, el sólido campeón, y otro a mano de Independiente, acaso el que más lindo juega. Nacional, otra vez, es el candidato de “la resistencia”. Y los árbitros, como siempre, jugarán un papel fundamental.

JORGE BARRAZA

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