Opinión

Ensayo sobre el día después del futbolista

Óscar Ruggeri, hablando de Tévez, describió cómo le cambia la vida a un futbolista tras su retiro.

14 de agosto 2017 , 02:14 a.m.

Carlos Tévez hablaba desde China con los periodistas de ‘90 Minutos’, el programa de Fox Sports que conduce Sebastián Vignolo, y estos le planteaban un asunto que tratan recurrentemente: “¿Volvés a Boca?”. Y Tévez expresó enormes dudas interiores: “Yo estoy muy bien acá, mi familia también.

Tengo un año más de contrato y no pienso en un retorno. Si uno toma la decisión de volver tiene que seguir demostrando, porque va a ser siempre el centro de las miradas, tiene que ser el ejemplo. Yo, en el último año y medio que estuve en Boca, perdí muchas cosas de vivir con mi mujer, con mis hijas. Además, no estoy al cien por cien (futbolísticamente) y para volver a Boca tenés que estar con todo. Acá estoy feliz. Un día me levanto y digo: ‘vuelvo’. Otro día pienso: ‘no vuelvo ni loco’. Al día siguiente digo otra vez: ‘vuelvo’. Así es mi cabeza”.

Óscar Ruggeri, antiguo zaguero y campeón de todo lo que se pueda imaginar en fútbol, con Boca, River, Real Madrid, San Lorenzo; el mismo que levantó en Guayaquil la Copa América de 1993 con Argentina, es miembro del programa.

Escuchaba. En su primera intervención, apuntó: “Declara algo interesante, ¿no? Sabe que si no está con las pilas cargadas la va a pasar muy mal en Boca”. Y sigue: “Son los momentos que nos agarran (a los futbolistas) en los que ya hay que ir pensando que estás muy cerca de retirarte; es cuando empezás a dudar. El jugador de fútbol, si está bien, no duda. A mí me pasó en mi última etapa, en Lanús. Me costaba ir al entrenamiento; yo siempre iba una hora, una hora y media antes, nos reíamos, la pasábamos bien, me gustaba. Pero ya no era feliz, iba con el auto y me paraba a un costado de la autopista, no quería llegar”.

Sin proponérselo, Ruggeri hizo todo un ensayo sobre el retiro del futbolista, que en ese momento baja de una nube de cristal a la realidad, más áspera y llana. Estaba dando un testimonio magnífico y nadie lo interrumpió, siguió de largo…

“Eso fue en la última semana, yo ya tenía 36, casi 37 años. Estaba bien, sin lesiones. Pero ahí, en el auto, lo decidí. Llegué al club y le dije al técnico: ‘el domingo poné un chico en el banco porque juego veinte minutos y me voy. No juego más’. Me fastidiaba todo. Iba a entrenar, decían: ‘vamos a hacer un picadito’, y me molestaba. ‘Vamos a correr’, me fastidiaba. ‘Vamos a hacer pelotas paradas’, y yo uuuhhh, ¿otra vez pelotas paradas? Me ponía mal por todo. Y como yo era Ruggeri, el técnico me tenía que poner. Por eso creo que a Tévez, por la forma en que habló, le queda poquito”.

Todo el estudio lo escuchaba con atención.

“Entonces empezás a pensar: ‘puedo seguir un año, un año y medio más’. Pero luego te das cuenta: ‘mi familia sufre, yo sufro, la paso mal’. Le llegó el momento a uno. Y por más que vengan a ofrecerle el dinero que le ofrezcan, no lo llena. A uno le dicen: “te tenés que preparar para el mañana”. ¿De qué manera, si nos pasamos todo el tiempo con partidos, viajes, entrenamientos, cosas…? Ni para estar en tu casa estás preparado, porque uno estorba en todos los lugares. Es que como futbolista estaba siempre fuera de casa. Hasta los chicos te preguntan: ‘Papá, ¿qué hacés acá?’. Y nada, ahora no juego más, vivo acá yo también. Es un momento de confusión en el que uno puede tomar cualquier rumbo, para bien o para mal”.

El trauma que significa dejar de ser una estrella para ser un ciudadano más. Habla claro Ruggeri, pausado, pinta bien el cuadro.

“Es difícil. Y me llevó tiempo asumirlo. Yo no sabía qué quería ser. Un día quería dirigir, otro día ser representante, luego otra cosa. Hasta darme cuenta de que para todo lo que uno desea emprender hay que prepararse, y no porque uno jugó veinte años al fútbol puede dirigir. ‘Pero a mí me dirigió Bilardo, el ‘Bambino’ Veira…’, eso no alcanza”.

“¿Duele el olvido, Óscar? ¿Pensaste en eso?”, pregunta Vignolo.

“Claro, ¿qué creés, que a nosotros no nos gusta que nos paren por la calle, te saluden, te reconozcan, te pidan una foto, un autógrafo? Eso lo perdemos. Ahora me reconocen los jóvenes porque estoy en televisión, si no, ¿cómo te reconoce un chico? A mí me ven los más pibitos y dicen: ‘mirá, ahí va el papá de Candela’, porque llevaba a mi hija al ‘Bailando’ ‒‘Bailando por un sueño’, un programa de Marcelo Tinelli en el que su hija baila‒. En los dos o tres primeros años te saludan casi todos; a los cinco años, de cada diez te saludan seis. Y a los quince, casi nadie. Y eso lo sentimos, duele, por más que los jugadores digan lo contrario”.

Junto a él estaba Alfredo Cascini, exfutbolista de Independiente y Boca, quien agregó: “Mientras estaba en actividad, mi teléfono no paraba de sonar. A los dos meses de haberme retirado, un día se me ocurrió pensar si el teléfono estaba descompuesto, porque no sonaba, es que no me llamaba nadie, pero nadie”.

Retoma Ruggeri y pone un ejemplo con otro grande del fútbol, Norberto Alonso: “Decile al Beto Alonso que salga a la calle a caminar con un jugador joven de River de ahora y vas a ver a quién saluda la gente: al chico joven. Y estoy hablando de Alonso, que fue un grande. Y eso en cuestiones de notoriedad, en lo económico es grave. Siendo jugador un día cobrás los premios, a los pocos días el sueldo, enseguida te llaman para pagarte las primas; estás siempre así. Y un día, de golpe, se corta todo. Hay una barra de muchachos que no trabaja, no tiene ingresos, no sabe para dónde tomar. Encima, uno estaba acostumbrado a un buen nivel de vida y de pronto zas, desocupado. Y eso siendo un joven de 35 años, con mucho por delante. Es difícil. En Europa no pasa, es otro nivel, pero acá es duro”.

El programa ya es él, sus vivencias luego de 17 temporadas como futbolista y ocho como entrenador en el más alto nivel.

“Y hay otras cosas ‒continúa‒. De pronto me encuentro con Vignolo y le pido un trabajo en televisión. Me dice que sí, pero mirá que vas a cobrar 15.000 pesos, 20.000 (unos 1.200 dólares), que para muchos es un buen sueldo, y uno le dice no, gracias, eso no me sirve. Porque está acostumbrado a otro tipo de ingresos. Todo eso es parte del gran tema de dejar de jugar, por eso Tévez puede tener mucho dinero, pero también un lío tremendo en la cabeza”.

Ruggeri describió con agudeza el día después del futbolista. También, sin proponérselo, dio una clase de lo que debe ser la intervención de un exfutbolista en un programa de TV. No actúa como un periodista ni intenta serlo. No conduce, no es un comentarista, le preguntan por algún tema puntual y responde aportando vivencias, experiencias, cuenta qué hacía en sus tiempos de jugador en un caso similar al que se está tratando. Es un panelista, un parroquiano. Y lo hace estupendamente. Así es valiosa la participación de los exfutbolistas. Agregan experiencias que, quienes no hemos jugado, desconocemos.

JORGE BARRAZA

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