Opinión

El milagro islandés

Un fenómeno extraordinario. Un país con 331.800 habitantes está en el mundial.

06 de noviembre 2017 , 01:11 a.m.

Mujeres rubias despampanantes, hombres vikingos, hielos, frío, géiseres, volcanes… Son las vagas imágenes que tenemos de Islandia. Aun en la era global de internet, no es mucho lo que se sabe en general de ese remoto islote vecino de Groenlandia tocado por el círculo polar ártico. Lo que resalta, sobre todas las cosas, es su diminutez, especialmente demográfica. Hay 194 países soberanos en el mundo; de entre ellos, Islandia es el número 182 en cantidad de habitantes, con 331.800, lo mismo que un barrio populoso de San Pablo o Ciudad de México.

Lo que no deja de asombrar es otro punto: China, India, Estados Unidos, Indonesia y Pakistán, los cinco países más poblados del planeta, reúnen 3.545 millones de personas, y no jugarán el Mundial 2018, pero sí lo hará Islandia. Sin dudas, un fenómeno extraordinario. Nosotros llamamos cariñosamente ‘el paisito’ a Uruguay, ¿cómo deberíamos denominar a Islandia, cuyo territorio representa el 58 % del uruguayo y su población apenas llega al 9,6 % de la de los orientales…?

Debemos pensar que, de aquellos 331.800, la mitad son mujeres. De modo que cabe preguntarse: ¿cuántos de esos 165.900 varones están en edad de hacer deporte de alta competencia? ¿Y cuántos juegan fútbol…? Hay unos 100 futbolistas islandeses profesionales, el resto son ‘amateurs’. No obstante, once o doce de ellos son lo bastante buenos como para haber clasificado a la Eurocopa en 2016 y al Mundial de Rusia hace unos días.

Sin la menor duda, un mérito extraordinario de un fútbol minúsculo, con una liga de 12 equipos pequeños, limitada a las estaciones de la primavera y el verano, pues en el resto del año el frío y la inclemencia del tiempo hacen imposible la práctica. Y todo el centro y gran parte del norte del país no tienen fútbol por lo inhóspito del terreno y las duras condiciones climáticas. A propósito, ¿cuántos campos de fútbol habrá en todo el territorio…? Ese puñado de clubes compite en estadios deliciosos, aunque mínimos, algunos al pie de las montañas y con tribunas para 1.000 y hasta 6.738 espectadores. Muchos son lo que llamamos campitos, terrenos de juego sin gradas o con diez escalones a un costado. El Laugardalsvöllur, el gran coliseo donde actúa la selección, puede recibir hasta 9.800 espectadores.

El ‘handball’ y el alpinismo son deportes nacionales en la isla, aunque también allí se rinden al rey fútbol. Aún impactan las escenas del retorno de su selección desde la Eurocopa, cuando prácticamente la nación entera se convocó en Reikiavik para recibir a los héroes que vencieron a Inglaterra 2 a 1 y alcanzaron los cuartos de final. ¡Islandia había eliminado a los inventores del fútbol…! Y estos con Harry Kane, Dele Alli, Wayne Rooney, Jamie Vardy, Gary Cahill y Raheem Sterling en cancha… Es la maravilla de este juego, en el que todo es posible, donde el corazón, la mística y la actitud son tan importantes como el talento. Esa Islandia había igualado a uno con Portugal –luego campeón–, con idéntico marcador ante Hungría y vencido 2-1 a Austria.

Ya en 2013 había sido noticia por llegar al repechaje para el Mundial de Brasil, en el que finalmente cayó ante Croacia. Pero ahora se invirtieron los papeles y fueron Los Vikingos (así llaman a la selección) los que mandaron a la repesca a los croatas. En esta Eliminatoria le tocó uno de los grupos más homogéneos y difíciles de la Uefa, compuesto por Croacia, Ucrania, Turquía y los ya más débiles Finlandia y Kosovo.

Una Croacia estelar en la que jugaron Modric, Kovacic (los dos del Real Madrid), Rakitic (Barcelona), Mandzukic (Juventus), Perisic, Brozovic (ambos del Inter), Subasic (Mónaco), Lovren (Liverpool), Vrsaljko (Atlético de Madrid), Kalinic (Milan). No obstante, Islandia fue primero entre los seis contendientes, con 7 victorias en 10 partidos. Heimir Hallgrimsson, el entrenador, es un exfutbolista y odontólogo que, como dicen, ha sabido enseñarles a mostrar los dientes a sus rivales. Justamente, la principal virtud islandesa es la voluntad, la garra para pelear cada partido, la excelente presencia física, el fuerte juego aéreo. En tiempos en los que no hay competencia, Hallgrimsson continúa sacando muelas. La selección es una buena extra para él.

En el país nórdico aún recuerdan el orgullo que generó entre los hinchas cuando Eidur Gudjohnsen llegó en 1999 al Bolton Wanderers para jugar en la liga inglesa, pero mucho más cuando en 2006 fichó por el Barcelona, donde fue campeón de España y de Champions, compartiendo varias veces el ataque con Leo Messi. Hoy, los 23 integrantes de Los Vikingos actúan en el exterior, en los torneos de Inglaterra, Alemania, Francia, España, Italia, Bélgica, Suiza, Suecia, Dinamarca, Noruega. Gudjohnsen, con 39 años, aún pertenece al equipo nacional (no pueden darse el lujo de despreciar nada) y dispara sus últimas balas en un club de la India. Como ocurre en Suramérica, todos los futbolistas islandeses esperan con ansias una oferta de algún club del continente europeo.

En Islandia, un jugador muy bien pago puede llevarse 30.000 euros anuales (2.500 al mes). Por eso están esperando salir. La superestrella nacional es Gylfi Sigurdsson, volante ofensivo convertido en el fichaje más caro de la historia del Everton, que pagó 49 millones de euros por él al Swansea. Sigurdsson cobra unos 5,8 millones de la moneda europea al año y otro tanto por publicidades. Es ídolo en su tierra por ser una figura de la Premier League y también por tratarse de un jugador islandés atípico; no es simplemente un esforzado corredor y un disciplinado tácticamente: posee buena técnica, creatividad y tanto llega al gol como fabrica jugadas. En el partido de la clasificación, frente a Kosovo, marcó el primer tanto del 2 a 0.

En 2010 Islandia quedó última en su grupo en la clasificatoria para Sudáfrica. En 2012 ocupaba el puesto 131 en el ‘ranking’ mundial de la Fifa, hoy es la 21.ª y estará en Rusia. Muchos hablan de planificación y trabajo con juveniles. Pero, en la actualidad, todos planifican y trabajan. También se alababa a La Masía como un sofisticado laboratorio en donde el Barcelona producía genios; pero hace doce años no alumbra un crac. Ni siquiera un bueno-bueno.

No hay una explicación sensata para semejante ascenso de Islandia. Mínima población, pocas canchas, clubes sin ningún poderío ni tradición europea, partidos con 500 asistentes, una economía nacional que depende básicamente de la pesca, el turismo y los servicios financieros, Islandia es un fenómeno futbolístico inexplicable, apenas entendible por una espléndida generación que comenzó a aparecer alrededor de 2008 (justo cuando el país se declaró en bancarrota por la quiebra de los tres bancos principales) y que sigue dando satisfacciones. Para muchos, es el mayor milagro del fútbol mundial. Y no parece exagerado.

JORGE BARRAZA

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