Opinión

Costará un Perú

Se respeta al equipo de Pékerman, pero existe una confianza ilimitada en el de Gareca.

09 de octubre 2017 , 01:05 a.m.

Pocas veces, contaditas con los dedos de una mano (y sobran), desde el Virreinato hasta hoy, el Perú ha vivido el estado de ilusión que ahora siente su pueblo. Para muchos, nunca. “Hasta en el bus la gente se ve más amable”, dice el botones del hotel. Después de treinta y seis años de ver por la ventana la fiesta de los otros, el Mundial está ahí, a una victoria, o a un empate. Casi es posible tocarlo, solo falta superar la prueba de Colombia, que se imagina dura, pero la confianza es absoluta, del 99,9 por ciento.

Hay una suerte de felicidad nacional expresada en todos los ámbitos de la sociedad. Una circunspecta periodista de TV conduce su programa político con la camiseta peruana puesta; los congresistas sesionaron en la Cámara también con la blanquirroja en el pecho. El doctor Dennis Vargas Marín, decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad César Vallejo, asegura: “El martes, 33 millones de peruanos jugaremos el partido”. Dennis fue colega nuestro, y en el Mundial de 1982 cumplió una proeza: narró todos los partidos de Perú en quechua, la lengua de su tierra, el Cusco. Gritaba “ña, ña, ña, ña, ña…” (gol, gol, gol, gol…).

“Si Perú va al Mundial, se venden hasta las piedras”, dice Wilder León, editor general del diario ‘Depor’, quien da algunas muestras de la euforia generalizada: “Nosotros vendemos normalmente 80.000 ejemplares diarios, pero ahora estamos en 250.000”. ‘Depor’ pertenece al grupo El Comercio, la máxima potencia editorial del país. Es uno de los cuatro periódicos deportivos circulantes a un precio casi irrisorio: 20 centavos de dólar. Pero la camiseta original de la selección peruana cuesta 55 dólares y también está agotada. Virgilio Alzamora, ejecutivo de la representación de Umbro en la patria de Vargas Llosa, lo certifica: “En todo el año 2016 se vendieron 3.000 camisetas de Perú, y ahora, solo en los últimos días, se volaron 15.000. Todas las fábricas que nos producen están trabajando a pleno, pero la demanda es muy alta. Y en Gamarra, donde se venden las imitaciones a 20 dólares, tampoco quedaron camisetas”. Gamarra es una gran feria popular en el barrio La Victoria.

Estamos en la capital del más vasto imperio virreinal español: Lima, por estos días, Lima la alegre. Palpamos en cada acto esta suerte de felicidad nacional generada por la selección de fútbol. La gente habla con familiaridad de sus héroes. El magnífico arquero Pedro Gallese pasó a ser, sobre todo después del partido con Argentina, el ‘Pulpo’ Gallese; Édison Flores, dueño de una zurdita que borda, teje y zurce, es para el resto de la ciudadanía el ‘Orejas’; también están el ‘Mudo’ Rodríguez, la ‘Culebra’ Carrillo… En el caso de Guerrero, el crac, el capitán, el goleador, es simplemente Paolo para todo el país. Los responsables de haber exhumado la peruanidad y llevarla al límite de lo emocional. Ellos y Ricardo Gareca, el ‘Tigre’, el padre de esta criatura que puede pedir el deseo que quiera, pues habría millones de suegras encantadas.

Son las implicancias sociales del fútbol, su fuerza arrasadora. Siempre nos preguntamos ¿de qué está hecho este juego? ¿Por qué está tan asociado a la nacionalidad? Los gladiadores incaicos que rescataron el empate en La Bombonera volvieron el viernes a la tarde y una multitud fue a esperarlos al aeropuerto y los acompañó en caravana hasta el hotel Swiss cantando el himno. ¿Cómo esta fuerza centrífuga, este huracán de pasiones pudo ser inventado por los flemáticos británicos? ‘This is a ball, tu shotear al goal’ ¿Cómo no nos han cobrado un penique de derechos de autor? Se les escapó.

Julio Hevia, psicoanalista, y Jaime Pulgar Vidal, historiador, hacen en las páginas de ‘El Comercio’ un intento por entender las emociones colectivas de un país que sueña con el Mundial. Ambos son académicos con cancha y coinciden en que el fútbol anula las clases sociales, las diferencias políticas, une: “Todos nos sentimos peruanos durante noventa minutos”, dicen.

“Esto no pasó nunca”, garantiza Jorge Arriola Müller, el peruano que asistió a más mundiales: 12. Empezó en Inglaterra 66 y siguió de largo, solo faltó en Alemania 74. “Mira, yo integré la delegación peruana en 1982 y en la eliminatoria previa; cuando volvimos de clasificar en Montevideo, ganándole a Uruguay con un fútbol de lujo, los hinchas llenaron el aeropuerto, desbordaron los controles, invadieron la pista y llegaron hasta la puerta del avión; fue una locura. Pero esta euforia de ahora no la vi nunca. Hay que considerar dos cosas, que Lima tiene actualmente diez millones de habitantes y que existen las redes sociales, que acercan a la gente al evento, todos se sienten parte”. Arriola es en verdad alemán, nació en Berlín en plena Segunda Guerra Mundial, y llegó a Lima con 3 años. “El fútbol es un fenómeno único. Fíjate, está escrito en los libros que el llamado ‘milagro alemán’ nace con la conquista del Mundial del 1954. Alemania se sentía aún abatida y humillada por la derrota y por el rechazo de los otros países, pero ganar el Mundial levantó la autoestima del pueblo y ahí comenzó la reconstrucción, lo hizo revivir”.

Eso vale un Perú, reza el dicho, que viene justamente de la época colonial. La frase alude a que España dependía casi exclusivamente del Virreinato del Perú. Esta tierra fue el símbolo en Europa de la riqueza llegada de América. El oro y la plata de los incas no solo sirvieron para enriquecer a España, sino también a toda Europa, a causa de las devoluciones de préstamos y sus altos intereses que los países ricos le hacían a la corona española para subvencionar la conquista.

Nadie tenga dudas: un Perú le costará a Colombia lograr un resultado satisfactorio mañana en el estadio Nacional. Se respeta al equipo de Pékerman, pero existe una confianza ilimitada en el de Gareca. Perú sabe a qué juega, y lo hace bien. “Es muy ordenado tácticamente, y eso lo hace fuerte”, opina Javier Chirinos, excentrocampista peruano en los 80. “También hay individualidades que superaron todo rendimiento imaginado”, agrega. “Gallese, Corzo, Ramos, Rodríguez y Trauco; Tapia y Yotún; Carrillo, Cueva y Édison Flores; Paolo Guerrero”. Todo el mundo recita de memoria el once inicial para el juego definitorio, lo cual habla de certeza en las capacidades. La mentalidad de los jugadores es colosal. “Lo notas en cómo cantaron el himno en La Bombonera”, dice Arriola. Todo es optimismo.

Dos meses atrás se pensaba que Perú vs. Colombia sería una simple formalidad para cumplir con el calendario. Pasó a ser el partido del año. Uno de los pocos que no irá al estadio enfundado en una camiseta blanca con una franja roja cruzada es este cronista. Pero será testigo.

JORGE BARRAZA

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