Opinión

Qué se juega en la primera vuelta

Las opciones que genera la polarización Uribe-Duque y Petro no auguran cambio alguno.

18 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

La primera vuelta de las elecciones presidenciales va a decidir si Colombia tiene opción de un futuro distinto al clientelismo y la corrupción, que la han llevado a los niveles más bajos de confianza institucional desde que esta se mide.

Sin embargo, las opciones que genera la polarización Uribe-Duque y Petro no auguran cambio alguno. Por un lado está Petro con sus promesas desorbitadas, que no resisten un análisis cuantitativo y producirían un enorme hueco fiscal. Su populismo de izquierda se expresa más claramente en el proyecto de, una vez victorioso, convocar por medio de un referendo una asamblea constituyente que le construya una institucionalidad a la medida para perpetuarse en el poder, igual que hizo Uribe desde el populismo de derecha, no solo una (su reelección) sino dos veces (que le falló).

Gustavo Bolívar, el senador petrista, planteó además que el Congreso fuera unicameral, de fácil control, exactamente como hizo Chávez en Venezuela. Petro, que igual que Uribe no crea organización política sino que es el caudillo carismático que solo tiene obsecuentes seguidores, si pasa a segunda vuelta, crearía un verdadero terror en la mayoría de los colombianos, quienes elegirían a Uribe-Duque.

Fajardo ha probado que puede ser elegido y gobernar sin clientelismo y corrupción. En el caso de Medellín, comprobamos su impacto con las mediciones que hacemos del capital social (KS) de Colombia.

No se ve cómo la coalición que gobernaría con estos va a hacer las reformas para acabar con la ‘mermelada’ secreta y cambiar el modelo de gobernabilidad corrupta que nos azota desde siempre. La coalición que los elegiría, una vez que los derrotados vargaslleristas se adhieran sin remilgos, como ya lo hizo Viviane Morales, haría tan solo reformas cosméticas. Ya Hernán Andrade, presidente del “indispensable” Partido Conservador, afirmó que se harían reformas, pero no la político-electoral, asegurando que todo siga igual. La ira que esto produciría garantizaría que Petro fuera presidente en el 2022, un camino hacia la hecatombe que los colombianos estaríamos escogiendo en esta primera vuelta.

La evidente alternativa es votar en ella por Sergio Fajardo, que tendría la posibilidad de ser elegido presidente en la segunda vuelta por su altísimo nivel de aceptación.
Conozco a Sergio desde que era profesor en Uniandes. Lo he seguido y acompañado en sus luchas. Pero hoy mi respaldo se da porque él ha probado que puede ser elegido y gobernar sin clientelismo y corrupción. En el caso de Medellín, comprobamos su impacto con las mediciones que hacemos del capital social (KS) de Colombia.

En 1997, Medellín era la ciudad con el más bajo KS del país. Era la época en que si uno se acercaba a un CAI, lo esperaban los policías con ametralladoras ante el temor de que los fueran a matar. Habían puesto precio a sus cabezas. El KS del país aumentó hasta el 2005 y con él, el de Medellín.

Sin embargo, ya para el 2011, al final del segundo periodo de Uribe, el KS se precipitó a un nivel bajísimo en todo el país, excepto en Medellín, donde Fajardo había promovido la planeación participativa local en las comunas, con lo cual había logrado movilizar de forma ordenada a la ciudadanía para que priorizara la inversión local y con ello se pudiera, al conocer sobre qué hacerlo, ejercer el control social. Para el 2011, Medellín, de ser la última, pasó a ser la segunda más alta en KS, por fuera de los vaivenes que desde lo nacional sometían al país. Y eligieron a Alonso Salazar como alcalde y luego a Fajardo como gobernador, para continuar lo que se venía haciendo.

Su capacidad de aunar voluntades sin ser hostil se refleja en la Coalición Colombia, que aglutina ciudadanos muy diversos que buscan una forma distinta de hacer política y líderes con experiencia comprobada de gobernar limpiamente, como Antanas Mockus y Antonio Navarro.

Por supuesto, para aquellos que prefieren la pelea, su posición se ve como blanda o tibia. Pero hay que ver su programa de gobierno (http://bit.ly/PlanFajardo) para ver que de tibio no tiene nada. La alternativa de Sergio Fajardo sería la que evitaría la hecatombe. Pero para ello hay que votar por él en la primera vuelta. Y ganar.

JOHN SUDARSKY

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