Opinión

Derechos zurdos

Las extremas se tocan pero también se camuflan. No asumen su espíritu antidemocrático.

10 de junio 2018 , 11:58 p.m.

Cuando hablo de política con choferes de taxi no reinsertados, la mayoría dice preferir un mandato presidencial de mano fuerte, votar por un caudillo que ponga orden y discipline al país.

No es difícil entender, viéndolos solitarios al volante de sus máquinas, su anhelo de llevar al poder a alguien parecido a ellos. Alguien que conduzca el país con el mismo temple con que ellos manejan su automotor.

Otra cosa piensan, por ejemplo, los cineastas. Uno de ellos resume así su convicción política: gobernar es como hacer una película. Al principio tienes todo el tiempo de estudiar el relato original o el argumento y luego ir apretando hasta construir el guion y adelantar la preproducción con la participación de mucha gente. En esta fase puedes actuar como un demócrata, pero al entrar a la etapa de producción tendrás la responsabilidad de hacer realidad aquel guión en unas pocas semanas, lo que demandará aplicar una especie de dictadura, un sistema de realización duro y exigente que garantice llegar al producto final, tu película, en el tiempo y al costo estimados.

Las extremas se tocan pero también se camuflan. No asumen su espíritu antidemocrático, borran su condición ultra, se disfrazan y declaran ser, mínimo, puro centro.

Y los de centro afirman ser ecuánimes, balanceados, ponderados, rectos, sensatos; utilizar la izquierda tanto como la derecha, según la tarea por ejecutar. Pero una posición de centro puede también quedarse en un inútil ‘statu quo’, no utilizando ni la una ni la otra.

El lenguaje, sin duda, otorga ventajas a los derechistas, porque lo derecho tiende a ser sinónimo de correcto: estás en tu derecho, camina derecho, ve derecho en la vida, estudia derecho laboral.

Yo me escondo tras el juego de palabras y alego ser izquierdista porque soy zurdo, marzista, con zeta, por haber nacido en marzo y marxista con equis por seguir a Groucho.

En el colegio aprendí a escribir con la derecha en el tablero porque al usar la izquierda me caía polvo de tiza en el elegante saco azul de la misa. Y, como el mundo es derecho, logré sorprender en una trifulca a cierto atrevido que no adivinó mi golpe de sorpresa por la izquierda.

Dicen que la oposición derecha-izquierda viene de la revolución francesa, cuando defensores del veto del rey se ubicaron a la derecha del presidente y los que se oponían al veto real lo hicieron a la izquierda.

Disiento, en todo caso. Antes de eso, el espacio a la derecha del poder era ya un sitio de honor. ¿Acaso no les suena “a la diestra de Dios padre”, el lugar de Jesús en el cielo?

Por antónimo de diestra, se nombra siniestra a la mano izquierda y se le señala una oscura intención, un mal momento, un accidente terrible que cobra seguro.

Y así, lo zurdo vive en desventaja social. Casi todos los utensilios, herramientas y diseños manuales han sido fabricados para derechos. Los modelos para zurdos son escasos y han de ser pedidos de modo especial.

Los zurdos encontramos dificultades en adaptarnos a un mundo que sentimos al revés y tenemos más posibilidad de cometer errores y causar accidentes. Pero tendemos de igual modo a ser creativos porque al no poder valernos bien de los mecanismos para diestros, nos esforzamos en crear recursos de adaptación y vencer obstáculos.

Soy zurdo, pero no he estado solo en este mundo. Son y han sido zurdos, a mucho honor, Aristóteles, Da Vinci, Van Gogh, Mozart, Beethoven, Napoleón, Charles Chaplin, Scarlett Johansson, Robert de Niro, Steven Spielberg, Jimmy Hendrix, Paul McCartney, Ringo Starr, Marilyn Monroe, Barack Obama, Rafael Nadal, Diego Maradona y Leonel Messi.

Nada más ni nadie menos.

HERIBERTO FIORILLO

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