Opinión

El bla, bla, bla de la región Caribe

Los 2’500.000 votos del Caribe no desbarataron los impedimentos que tienen frenado el procedimiento.

25 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

El Caribe tiene una legendaria y reconocida tradición de la palabra hablada. Botar corriente, echar cuentos, tramitar conflictos con la palabra, entre otras, es de las actividades que los oriundos del Caribe cultivamos con esmero y a la que se le dedica tiempo, con satisfacción y deleite. Se perora, se pontifica. Como lo reconoce nuestro nobel García Márquez, en los cuentos contados por abuelos abrevó el mundo mágico de Macondo.

La política, los comentarios deportivos, los magazines y ahora los ‘youtubers’ dan rienda suelta al maravilloso arte de hablar, incluido el de hablar de cualquier cosa, que en la jerga de los camajanes y la informalidad costeña llaman ‘hablar mierda’. 

En otras alturas, donde no son tan doctos en las artes de hablar, para evitar la excremental palabra castiza, usualmente, hacen uso del repetitivo monosílabo bla.

Todo este rollo de nuestra costumbre caribeña de hablar, a veces en exceso, lo recuerdo a propósito de la Constitución Política, que lleva más de un cuarto de siglo de vigencia, en la que, por insistencia nuestra, los constituyentes oriundos del Caribe, se incluyó la posibilidad de dar paso a un nuevo orden territorial autónomo, a un Estado regionalizado, mediante el procedimiento paulatino y voluntario de la asociación de dos o más departamentos en Región Administrativa y de Planificación (RAP) y, por supuesto, el especial tratamiento de entregar la misma atribución al Distrito Capital de Bogotá, reiterados en la Ley 1454 del 2011, Ley Orgánica del Ordenamiento Territorial (Loot).

Además se contempló la posibilidad de que esta asociación pudiera, mediante consulta ciudadana, transformarse en Región Entidad Territorial (RET).

Se incluyó la posibilidad de dar paso a un nuevo orden territorial autónomo, a un Estado regionalizado. La región Caribe, pionera del proceso, se quedó en bla, bla, bla

De esta manera, haciendo uso de los poderes constitucionales para asociarse, con la autorización de las corporaciones de elección popular de cada entidad territorial a los mandatarios, del trámite en la Comisión de Ordenamiento Territorial de Senado, de acuerdo con el consenso de la agenda que se consignó en el Convenio Marco de constitución (esta incluye cinco aspectos: sustentabilidad ecosistémica y manejo del riesgo; infraestructura de transporte, logística y servicios públicos; competitividad y proyección internacional; seguridad alimentaria y economía rural, y gobernanza y buen gobierno), Bogotá, Cundinamarca, Boyacá, Meta y Tolima marcaron la pauta y, desde septiembre del 2014, conformaron la Región Administrativa y de Planificación Especial (Rape) - Región Central, bajo el lema programático de ‘Territorio para la paz’.

También se han gestado otras iniciativas de esta poderosa forma de organización estatal territorial desde el sur. El 16 de diciembre del 2016, Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño constituyeron la Región Administrativa y de Planificación (RAP) - Pacífico, además de la regiones en proceso como Amazonia (Putumayo, Caquetá, Guainía, Vaupés, Amazonas), Eje Cafetero (Caldas, Risaralda, Quindío), Orinoquia (Arauca, Casanare, Meta, Vichada), Sur (Tolima, Cauca, Nariño) y la región Caribe con sus siete territorios continentales y el departamento insular de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

La región Caribe, pionera del proceso, se quedó en bla, bla, bla. Los 2’500.000 votos del Caribe no lograron desbaratar los impedimentos que mantienen frenado el procedimiento. Como lo diagnosticó por allá en 1993 el colega constituyente y exgobernador Carlos Rodado Noriega, “en el rezago también ha tenido mucho que ver la actitud asumida y el papel y el desempeño cumplidos por la clase política de la región”, enredada en ilegalidades que ya se conocen, a lo que se le suma una estructura agraria y relaciones laborales encalladas en el atraso y, por supuesto, las trabas de cierta dirigencia cachaca, como Germán Vargas Lleras, que después del voto Caribe, siendo ministro del Interior, se opuso a la regionalización con el argumento de “que era un invento burocrático de los costeños”.

HÉCTOR PINEDA
* Constituyente de 1991

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