Opinión

Venimos de la nada

El vacío absoluto parece que no existe, y ningún espacio puede estar totalmente desocupado.

24 de septiembre 2017 , 03:13 a.m.

En la física de bachillerato me enseñaron que la materia dizque no se crea ni se destruye, únicamente se transforma. Más tarde, en la universidad aprendí que la transformación de la materia incluía la posibilidad de convertirse en energía, según la ecuación de Einstein (e = mc2). Mucho tiempo después leí que existían unas entidades raras, la materia oscura y la energía oscura, denominadas así por lo enigmáticas e incomprensibles, no porque fueran negras o sombrías. Los físicos aún no tienen idea alguna de lo que estas son, pero estiman que entre ambas ‘ocupan’ el 95 por ciento del universo. ¿De dónde salió todo esto si antes no había nada?

Pues hace poco me enteré de que lo que de niño entendía yo como ‘vacío’ estaba errado. El vacío absoluto parece que no existe, y ningún espacio puede estar totalmente desocupado. Un recipiente hermético, aun sacándole hasta la última molécula que allí se encuentre, dizque siempre contendrá un algo, un residuo extraño, un remanente raro, sin peso ni masa ni cualidades detectables. Innecesario decir que los científicos tampoco tienen malicia de qué es ese algo que corretea por la supuesta nada.

A pesar de mis limitaciones de conocimientos, considero que ese residuo es importantísimo y, gracias a él, el ‘big bang’ resulta ahora entendible. Permítanme explicarme. Hace 13.750 millones de años, en un instante inaudito, debió ser en un 30 de febrero, la interminable nada que existía hasta entonces se cansó de ser ‘nada’ –a todos nos sucede de vez en cuando– y ‘resolvió’, exitosamente, convertirse en algo.

La transformación ocurrió cuando una parte de esa nada, la que sí era algo, decidió pasarse por un puntico de densidad infinita, que se conoce como una ‘singularidad’. En vista de que los físicos dicen poco al respecto, yo me imaginaba que lo que se había colado por el huequito ese era materia oscura o energía oscura, pero estaba equivocado.

Lo que se metió por el tal agujerito, originando todo lo existente –incluidos sus átomos y sus quarks, amigo lector, y los míos–, tuvo que ser entonces una masa extraordinaria de la ‘sustancia desconocida’ que se encontraba dispersa, en fracciones imperceptibles, por el infinito ‘vacío’. Ya sabemos (bueno, eso ‘creo’ yo) que así comenzó nuestro universo. (Las respuestas a por qué la nada se aburrió de ser nada y por qué sus remanentes raros se reunieron y rebelaron aún no se me ha ocurrido).

Aclaremos esto con una comparación: en el cosmos existe un trío compuesto por la materia, la energía y el residuo desconocido disperso en el vacío. Los músicos de este hipotético trío tocan todos los instrumentos y se saben todas las canciones, y, por lo tanto, son intercambiables en sus roles. (En realidad existiría un quinteto, si incluimos la materia oscura y la energía oscura, pero mi razonamiento no las necesita).

Como el trío musical, la materia, la energía y el ‘desconocido’ pueden transfigurarse en cualquiera de los otros dos: la materia puede volverse energía (lo sabemos); la energía puede convertirse en materia (también lo sabemos)… Y, según mi hipótesis, el residuo extraño del vacío puede tornarse en materia o energía… Eso fue lo que ocurrió en el ‘big bang’, cuando el tal residuo atravesó el enigmático huequito.

Si antes de tan misteriosa explosión había una ‘nada’ infinita, tenía que existir un espacio infinito ‘desocupado’. Ahora sabemos que ese espacio contenía un ‘algo’, y, en la gran explosión, ese ‘algo’ gigantesco transformado, sensible y visible apareció de este lado de la singularidad. Todo lo existente, entonces, proviene de la nada anterior que era algo. Mi explicación del ‘big bang’, después de aprender que el vacío absoluto no existe, la veo tan clara como la materia que sí puedo observar y la energía que sí puedo utilizar.

Aún no logro imaginarme, eso sí, qué diablos son la materia oscura, la energía oscura y ese residuo invisible que se halla en todos los espacios ’vacíos’. Los físicos tampoco lo saben. (Como dice Felipito, el amigo de Mafalda: ¡Qué bueno es compartir la ignorancia de los científicos!). Mi ignorancia, sin embargo, me facilitó la explicación del ‘big bang’ que aquí expongo… Los físicos estarán en desacuerdo. Pero que venimos de la nada, no hay duda…

GUSTAVO ESTRADA
Autor de ‘Hacia el Buda desde Occidente’

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