Opinión

Placebos, cirugías fingidas y estents

La paradoja del efecto placebo carece de explicaciones que respalden algunos asombrosos resultados.

28 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

Los rituales de las medicinas alternativas comúnmente involucran oficiantes, agujas, menjurjes, aromas, energías etéreas, péndulos o pases mágicos. Aunque las revisiones de observadores imparciales a estas aproximaciones paranormales nunca han llegado a explicaciones científicas de su forma de operar, casi todos hemos tenido al menos una experiencia con algún procedimiento no convencional que nos alivió alguna dolencia.

Existen pues enfoques curativos, desconectados de la medicina corriente, que tienen consecuencias positivas en la salud. ¿Por qué funcionan? Uno, por el efecto placebo, la curación de un paciente mediante sustancias inactivas o procedimientos que son ajenos a la enfermedad. O, dos, porque muchos problemas de salud son espontáneamente resueltos por el cuerpo mismo, que busca el restablecimiento de su propios equilibrios y, por casualidad, la mejoría coincide con la aplicación del tratamiento.

Aunque de tiempo atrás también se han logrado curaciones reales con cirugías fingidas, una investigación reciente del Imperial College de Londres está haciendo ruido en el mundo académico. Según este estudio, que resume la revista ‘Scientific American’, la superexitosa implantación de estents parece resultar inútil en la disminución del riesgo de ataques cardíacos en pacientes cuyos síntomas se limitan a dolores de pecho o insuficiencia de aire.

El efecto placebo se activa no solo con sustancias neutras o inyecciones inertes sino también con cirugías fingidas. Todavía no hay explicación científica satisfactoria para los éxitos innegables.

Los estents son unas mallas metálicas tubulares que se colocan en los vasos sanguíneos para corregirles estrechamientos puntuales. Los estents, en verdad, han salvado millares de vidas en pacientes al borde de infartos, pero su utilización en otras situaciones menos críticas podría ser cuestionable.

En la investigación del Imperial College participaron doscientos pacientes con una arteria coronaria parcialmente bloqueada y con severos dolores de pecho, que limitaban su actividad física, razones estas casi siempre suficientes para acudir a los estents. Los pacientes fueron asignados al azar a dos grupos. Los primeros recibieron estents reales; los segundos solo tuvieron intervenciones simuladas. ¿La sorpresa? Ambos grupos reportaron mucho menos dolor y mejoraron de forma sustancial su rendimiento en las pruebas de esfuerzo.

El efecto placebo se activa pues no solo con sustancias neutras o inyecciones inertes sino también con cirugías fingidas. Todavía no hay explicación científica satisfactoria para los éxitos innegables, algunos desconcertantes, que se logran con medicamentos, intervenciones o tratamientos ficticios.

La paradoja del efecto placebo carece de explicaciones satisfactorias que respalden algunos asombrosos resultados. Sería extraordinario, repiten los académicos, que los enfermos pudieran activar a voluntad los mecanismos curativos del efecto placebo, sea por su cuenta o bajo la dirección de ‘expertos’ en la materia, aún inexistentes.

Los optimistas tienden a asimilar el efecto placebo al denominado pensamiento positivo, la actitud mental según la cual todo lo que se cree y verbaliza con decisión y confianza tiende a convertirse en realidad. Tal explicación no convence: El pensamiento positivo es optimismo etéreo e impreciso. Las sanaciones del efecto placebo, por el contrario, parecen ser fruto de una ‘fe’ espontánea en el médico o en el sanador, en la ‘ciencia’ sofisticada del procedimiento, o en las fuerzas misteriosas que entrarían en acción.

Una interpretación razonable del efecto placebo es la aseveración del profesor Ted Kaptchuk del Centro Médico Beth Israel Deaconess, afiliado a Harvard: “El efecto placebo es mucho más que pensamiento positivo… Y busca crear una conexión sólida entre el cerebro y el cuerpo para que trabajen juntos. Los placebos pueden disminuirnos el dolor o aumentarnos el bienestar, pero no nos bajan el colesterol ni nos achican un tumor”. En resumen, los placebos son más ‘cerebrales’ que ‘corporales’; si los lográramos ‘amaestrar’, bien podrían disminuir notablemente el dolor… sin los efectos dañinos de la morfina.

El efecto placebo es pues real así todavía no logremos explicarlo. Lo notable de los estudios recientes es la extensión de su poder a cirugías ficticias. Tener confianza en la sabiduría del médico o las destrezas del curandero, en la efectividad de la droga o del menjurje inerte, o en los fundamentos orgánicos de la cirugía, sea real o fingida, dispara nuestros mecanismos de sanación.

De manera aún inexplicable, esta fe, sea religiosa o pagana, es factor crítico en las sanaciones: Sí, los procedimientos alternativos pueden funcionar y muchos creyentes los llaman milagros. La denominación y el método son secundarios para el paciente: Su primera prioridad es la eliminación del dolor… La forma de hacerla realidad es secundaria.

GUSTAVO ESTRADA
* Autor de ‘Armonía interior: El camino hacia la atención total’

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