Opinión

Mente material e inteligencia artificial

El desarrollo de máquinas pensantes abre espacios para concluir la naturaleza material de la mente.

18 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

Hace veinticinco siglos, el Buda declara la inexistencia de almas o espíritus paralelos al cuerpo humano y equipara el dúo mente-consciencia a un sexto sentido. Ahora, con los extraordinarios desarrollos de la inteligencia artificial, los genios de la tecnología pronostican que pronto existirán computadores pensantes y conscientes, esto es, robots con aptitudes similares a las del cerebro humano. ¿Qué tienen en común estas dos aseveraciones tan distantes en el tiempo? Revisémoslas ambas.

Para el Buda, carecemos de esencia alguna perdurable, pues no existen entes metafísicos asociados con los seres vivos, en general, como lo considera el hinduismo, ni con los seres humanos, en particular, como lo predican las religiones judeo-cristianas. Esta ‘impersonalidad’ de la existencia –esta ausencia de almas individuales– es cimiento fundamental de la filosofía budista.

Los cinco sentidos convencionales están respectivamente asociados a sus correspondientes órganos sensoriales (ojos, oídos, nariz…), que generan y envían mensajes nerviosos al cerebro, donde son percibidos para que podamos ver, oír, oler, degustar y palpar.

Ver es lo que nuestros ojos y los de los animales hacen; oír es lo que nuestros oídos y los de los animales hacen... “Mente es algo que nuestro cerebro hace”, dice el psicólogo evolutivo Steven Pinker. “Y que el cerebro de los animales no hace”, agrega este columnista. La mente humana es el complejo de funciones cerebrales que, además de recordar y razonar, engendra el sentido de identidad.

¿Qué relación existe entre la controversial consideración budista de las cualidades cognitivas como un sexto sentido y la posible simulación de la consciencia a través de la inteligencia artificial?

Si la mente es asimilable a un sentido, como lo asevera el Buda, el cerebro es tanto el órgano generador de las señales de los pensamientos, las divagaciones y los recuerdos como el procesador neuronal que percibe tales señales.

Con los avances de la inteligencia artificial, la ciencia tiene ya una alta comprensión de la forma como podrían operar las funciones mentales. Así mismo, la tecnología moderna permite manipular volúmenes descomunales de datos para obtener conclusiones que van más allá de la lógica corriente. Los genios optimistas consideran que la consciencia y la forma como funciona serán comprendidas pronto, en un plazo más de años que de décadas.

¿Qué relación existe entre la controversial consideración budista de las cualidades cognitivas como un sexto sentido y la posible simulación de la consciencia a través de la inteligencia artificial? Sencillo: La interpretación de la mente como un sentido y el posible desarrollo de máquinas pensantes abren espacios claros para concluir la naturaleza material de la mente y la consciencia.

En el ascenso de la vida, los cinco sentidos tradicionales aparecieron en una sucesión lentísima, precediendo por millones de años a la mente. El primer sentido en aparecer fue el olfato, y, progresivamente, las especies vivientes saborearon, palparon, oyeron y vieron. En la ‘eternidad’ de la evolución han transcurrido escasos minutos desde cuando surgieron los primeros seres que se percataron de que eran organismos vivos y apenas segundos desde la aparición del ‘Homo sapiens’. Mente y consciencia resultaron de una recompensa evolutiva que, de alguna forma, favoreció la supervivencia.

Según el neurólogo Antonio Damasio, los primeros simios antropoides en ‘humanizarse’ debieron ser el resultado de alguna ventaja competitiva de la que carecían los que se quedaron ‘brutos’, y que fue consecuencia de mutaciones genéticas aún no identificadas. Estas alteraciones en el ADN de los ‘transformados’ les generaron indicios de ‘memoria’, un poco de historia personal y alguna rudimentaria comprensión de su individualidad.

Cuando asimilamos la idea de que la combinación mente-consciencia se comporta como un sentido, reconocemos su naturaleza material. ¿Cómo ocurre esto? Por incomprensible que todavía resulte, mente y consciencia fueron fruto de la evolución por selección natural y son engendradas en cada nuevo individuo que nace y madura por el extraordinario superprograma neuronal, que se ejecuta en la corteza prefrontal.

Esta nota conecta, pues, la intuición extraordinaria de un pensador de la India antigua con los asombrosos desarrollos de la tecnología moderna. Tiempo atrás, el Buda vislumbró que no existían entidades inmateriales paralelas al cuerpo humano. En el tercer milenio, la inteligencia artificial, aproximándose poco a poco a la creación de máquinas conscientes, parece estar alistándose para respaldar la brillante aseveración del sabio.

GUSTAVO ESTRADA
* Autor de ‘Hacia el Buda desde Occidente’

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