Opinión

Los frenos que controlan nuestros actos

Nuestras divagaciones van desde simples revoloteos hasta pensamientos obsesivos descontrolados.

28 de abril 2018 , 12:00 a.m.

Alrededor de las cosas que nos atraen o nos disgustan, todos divagamos… Y bastante más de lo que quisiéramos. Andar a ratos por las nubes, sin pasiones ni odios, es inofensivo pero, con demasiada frecuencia, se nos van la mano y la mente. Un artículo reciente de la revista Scientific American sugiere que los revoloteos exagerados y dañinos podrían originarse en deficiencias de los ‘módulos’ encargados de controlar tales desasosiegos.

Las neuronas, las células del sistema nervioso, utilizan neurotransmisores para enviar a sus vecinas órdenes excitadoras electroquímicas que aumentan su actividad –¡Apúrense, muévanse!– u órdenes inhibidores para que trabajen menos –¡Frenen, suelten el acelerador!–. Dado que la característica inhibidora o excitadora de las señales no depende de la neurona que las origina sino del neurotransmisor que se genera, hablar de ‘mecanismos inhibitorios’ es más preciso que referirse a ‘neuronas inhibitorias’.

Nuestro cerebro no se queda quieto, ni siquiera cuando dormimos, y sus divagaciones van desde simples revoloteos inofensivos, pasando por desvaríos continuados, y llegando hasta pensamientos obsesivos descontrolados. Una de las muchísimas funciones de los mecanismos inhibitorios es justo el control de las digresiones desbocadas, nocivas e inútiles.

El ácido gama-aminobutírico (Gaba, por las iniciales de su nombre en inglés) es el neurotransmisor inhibidor más importante y abundante del sistema nervioso. La concentración en cualquier tarea exige que toda actividad física o mental, desconectada de la tarea de turno, sea suprimida o silenciada y, por lo tanto, en nuestro sistema nervioso ocurren muchas más instrucciones inhibidoras que excitadoras: es mucho más lo que hay por evitar que lo que hay por ejecutar.

Andar a ratos por las nubes, sin pasiones ni odios, es inofensivo pero, con demasiada frecuencia, se nos van la mano y la mente.

Los niveles bajos de Gaba en el cerebro parecen estar asociados con desórdenes crónicos de ansiedad y estrés; sin Gaba resultaría imposible concentrarnos, “Si tuviéramos más Gaba, controlaríamos mejor los pensamientos dañinos”, dice en Scientific American, Michael Anderson, neurocientífico de la Universidad de Cambridge y director de la investigación sobre el tema que la revista comenta.

En su interpretación de las divagaciones y las digresiones interminables, este columnista sostiene que el efecto primario de la meditación es el silenciamiento de los ruidos y los desvaríos. La ecuanimidad y el sosiego permanentes resultan del ejercicio intensivo de los mecanismos inhibitorios de nuestro sistema nervioso, los encargados de apaciguar la mente.

La meditación de atención total es pues una especie de gimnasia pasiva de los mecanismos inhibitorios que cumple el cometido apaciguador y conduce a un aumento sustancial de la facultad de concentración: mientras más meditemos, más Gaba ha de producirse en el cerebro.

El doctor Anderson se pregunta en su estudio: “¿Podríamos ayudarle a la gente en la supresión de sus pensamientos indeseados, suministrándoles drogas que fortalezcan su producción de Gaba?”. La respuesta afirmativa es, por supuesto, la que el neurocientífico desea e implica, pero aún no existen drogas suficientemente seguras para estimular la generación de Gaba; su desarrollo bien podría tomar varios años.

Además, según WebMD, un sitio de internet con información sobre salud y bienestar, no está aún claro si los suplementos de Gaba llegan al cerebro en cantidades suficientes para tener algún efecto tranquilizante. Tampoco existen alimentos naturales que contengan Gaba.

Finalizamos esta nota con una posibilidad y una certeza. Es posible, de acuerdo con la hipótesis de este columnista, que la meditación de atención total fortalezca nuestros mecanismos inhibitorios mediante la ‘producción natural’ de Gaba. Y es indiscutible que la meditación de atención total, practicada sin afiliaciones, gurúes, dogmas o trucos mentales, no causa ningún daño y sí, en cambio, fortalece la concentración, ayuda en el control de pensamientos indeseados y conduce a incontables beneficios en nuestra salud, tanto física como mental.

* Una invitación… Este columnista presentará ‘Armonía interior: el camino hacia la atención total’ en la Feria del Libro de Bogotá (abril 28, 5 p. m.).

GUSTAVO ESTRADA

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