Opinión

Zapatos y trajes

El ejercicio del poder, al igual que la producción de riqueza, inevitablemente entraña desigualdad.

23 de febrero 2017 , 04:49 p.m.

Petro se ha convertido en presidenciable con un discurso que divide a la sociedad en dos. Aquellos aferrados al statu quo porque quieren mantener un sistema de privilegios y de explotación económica y ambiental y aquellos que quieren un cambio hacia una sociedad más igualitaria, justa y responsable. Se trata de la versión actualizada del discurso ortodoxo de la izquierda.

Por eso la foto con los zapatos Ferragamo es tan contundente en lo simbólico. Allí aparece Petro entre pobres, en pose ecológica sobre una bicicleta, pero con unos zapatos que simbolizan precisamente la inequidad, la distinción entre quienes pueden acceder a los beneficios del capitalismo y quienes no. Ante semejante papaya, las redes estallaron con la foto.

Petro aparece en pose ecológica sobre una bicicleta, pero con unos zapatos que simbolizan precisamente la inequidad.

No es el primer caso. En medio de una perorata contra el capitalismo salvaje, una periodista le preguntó a Pedro Carreño, un chavista feroz, si eso no se contradecía con su corbata Louis Vuitton. Carreño respondió con ruidos guturales, hasta que por fin pudo decir que eso no era contradictorio; su deseo era que Venezuela produjera corbatas así para no tener que comprarlas importadas.

Quizá ese sea también el dilema ideológico de Petro y su contradicción. Lo que propone como modelo económico simplemente no es capaz de producir objetos de consumo de lujo, mucho menos de manera masiva. Los Ferragamo solo pueden ser para una élite; para el caso, solo para la élite política porque para él, la élite económica debe ser proscrita.

Más coherente es Iván Cepeda con sus trajes. Desconozco cuánto puedan costar, pues no están disponibles en cualquier almacén, pero no parecieran ser muy caros. Su estilo simple rememora la producción masiva, sin grandes lujos, del viejo comunismo. Sin embargo, la simpleza no disuelve la distinción entre la élite dirigente y el resto de la gente. De llegar Cepeda al poder, el traje simbolizaría la moda impuesta como un reflejo de la superioridad moral del líder, tal como hizo Mao durante la Revolución cultural.

Moda y poder no se dan solo en la izquierda. Los caballos de Uribe y las maneras londinenses de Santos son símbolos personales que los distinguen. El punto es que el ejercicio del poder, al igual que la producción de riqueza, inevitablemente entraña desigualdad. Lo posible es tan solo ponerle límites, no solo en lo material sino en la distribución de libertades y derechos entre quienes tienen poder y quienes no.

GUSTAVO DUNCAN

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