Opinión

Petróleo

El petróleo es una trampa para la democracia y para la eficiencia de la gestión gubernamental.

31 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

El petróleo se convirtió en un tema central de la campaña. Y con una segunda vuelta entre Duque y Petro lo será aún más porque marca un contraste fundamental entre ambos candidatos. Para Petro, en caso de ser presidente, la lucha contra los combustibles fósiles sería el pretexto para convertirse en un líder en la escena internacional. De seguro lo veríamos en cuanto foro mundial sobre cambio climático.

Las razones en contra del petróleo rebasan lo ambiental. Es una mercancía diferente a aquellas que son el producto de procesos de innovación y competitividad. Depende más del azar de la naturaleza que del desarrollo de un sector empresarial que demande servicios públicos y una gestión eficiente del Estado. En palabras simples: si hay petróleo disponible en un país, alguna compañía multinacional estará dispuesta a extraerlo.

Si el país en cuestión, como Venezuela, depende en una alta proporción de la renta petrolera la clase política podrá mantenerse en el gobierno sin considerar las demandas de la sociedad. Basta repartir subsidios entre una base clientelista. En consecuencia, el petróleo es una trampa para la democracia y para la eficiencia de la gestión gubernamental. Eso sin mencionar los efectos en el resto de la economía que puede causar la revaluación, lo que se conoce como enfermedad holandesa.

El debate no puede ser si petróleo sí o petróleo no. En el corto plazo no hay mayor opción, a menos que se quiera deteriorar las condiciones de vida de muchos en el borde de la pobreza.

No obstante todos estos inconvenientes, que llevarían a plantear un rechazo de plano, hay toda una serie de efectos positivos que deben ser considerados en el actual debate electoral. Alejandro Gaviria ha mostrado en su blog y en varios textos cómo la pobreza en Colombia se ha reducido de manera significativa en las últimas décadas dando lugar, incluso, a la aparición de un amplio sector de clase media.

Ese período de prosperidad coincidió con el auge del precio de las materias primas, y sin las rentas del petróleo es casi seguro que no se hubieran dado tantas mejoras sociales y crecimiento económico. Más aún, la preservación de las mejoras sociales y de la nueva y frágil clase media depende en gran parte del flujo de ingresos del petróleo.

El debate no puede ser si petróleo sí o petróleo no. En el corto plazo no hay mayor opción, a menos que se quiera deteriorar las condiciones de vida de muchos en el borde de la pobreza. El asunto es más bien cómo diversificar la economía para matizar la enfermedad holandesa y los efectos negativos en la democracia.

GUSTAVO DUNCAN

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