Opinión

¿Pasará de nuevo?

La ley no es igual para todos, mucho menos para un presidente en ejercicio.

24 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

La detención de ‘Ñoño’ Elías trae recuerdos de otras épocas. Por algo, la revista Semana se refirió al ‘Ñoñomil’ en alusión al proceso 8.000. Es una situación parecida a la de Medina y Botero, cuando fueron llevados a prisión y tuvieron que escoger entre el silencio para proteger a Samper o salvarse ellos. Escogieron delatar, pero ni se salvaron ni hundieron al Presidente.

Uno también podría comparar el caso con la suerte de Yidis Medina. Ella confesó cómo a cambio de promesas, la mayoría incumplidas, de contratos y notarías definió su voto por el cambio de un articulito que permitía la reelección. Tenía buenos motivos para delatar: desde una celda es difícil perdonar la ingratitud. Algunos de los más cercanos colaboradores de Uribe acabaron en prisión. Pero el Presidente salió indemne.

Lo que se deduce del caso es que Odebrecht pagó porque el Gobierno central, que sí tenía capacidad de decisión, necesitaba los votos de ‘Ñoño’

Lo más probable es que con el ‘Ñoño’ suceda la misma historia. La ley no es igual para todos, mucho menos para un presidente en ejercicio. Tendrá que pasar algún tiempo en prisión, al igual que algunos amigos y funcionarios del Gobierno, mientras que Santos saldrá inocente del percance, como sus antecesores.

Es, de todos modos, una situación que deteriora la confianza de la sociedad en su clase dirigente. Es difícil justificar que los directos artífices de una conspiración que tiene como principal motivo una elección o una reelección presidencial sean castigados al tiempo que el principal beneficiario no lo sea.

Nadie medianamente enterado puede creer que Odebrecht pagaba comisiones a ‘Ñoño’ solo por ser un senador de la república. Un político de Sahagún, por más votado que sea, poca capacidad de decisión tiene sobre la gran contratación nacional.

Lo que se deduce del caso es que Odebrecht pagó porque el Gobierno central, que sí tenía capacidad de decisión, necesitaba los votos de ‘Ñoño’. De hecho, la paga de Odebrecht más que a los bolsillos de ‘Ñoño’ iba a los de sus clientelas, quienes al final eran los que definían la elección presidencial.

Si reelegían a Santos, como efectivamente sucedió, ya se encargarían sus funcionarios de cumplir los compromisos en la asignación de contratos a Odebrecht. De allí que nombres de gente del Gobierno como Prieto hayan salido a los medios.

El mayor riesgo de caer en un experimento como el de Venezuela no proviene del nuevo partido de las Farc, sino de una dirigencia que insiste en no rendir cuentas a la sociedad.

GUSTAVO DUNCAN

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