Opinión

Lo prioritario

En el futuro inmediato, el problema no es prohibir un paramilitarismo caduco.

07 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

La discusión sobre la prohibición del paramilitarismo es, ante todo, un acto simbólico en el que lo que está en juego es menos evitar su repetición en el futuro que asignar responsabilidades en el pasado. Simple: al prohibirlo en sus propias leyes, el Estado está aceptando que en épocas previas tuvo algún tipo de responsabilidad en su creación.

La discusión, planteada en términos tan lapidarios de si el creador fue o no fue el Estado, desconoce la evolución del paramilitarismo y subestima los riesgos que al día de hoy representa para la paz en el posconflicto. La realidad es que un juicio al papel del Estado no puede ser en blanco y negro.

En especial, hay que considerar el año de 1994, cuando los hermanos Castaño, quienes participaron activamente en la cacería a Escobar, tuvieron la visión de un proyecto nacional contrainsurgente. El paramilitarismo experimentó entonces una transformación y una expansión sin precedentes. Y si bien se trataba de un proyecto en manos de una disidencia del cartel de Medellín, en que el narcotráfico y la criminalidad jugaban un papel central, el compromiso con derrotar la guerrilla era genuino.

Al prohibir el paramilitarismo en sus propias leyes, el Estado está aceptando que en épocas previas tuvo algún tipo de responsabilidad en su creación

Frente a un proyecto contrainsurgente que nada costaba, el Estado y las élites adoptaron una posición de conveniencia y de tolerancia. La guerrilla era el enemigo principal, y el enemigo de mi enemigo era mi amigo. De allí que ocurrieran casos de evidente colaboración como operaciones conjuntas con la Fuerza Pública y más comprometedores como la ‘parapolítica’. Pero en ningún momento se trató de una relación de subordinación ni de un proyecto paramilitar de Estado o de élites nacionales.

Los jefes paramilitares tenían mando y agenda propia. Lo que luego se vio reflejado en otro cambio evolutivo. El paramilitarismo enseñó a organizaciones puramente criminales una tecnología de control social y de producción de rentas. En otras palabras, los criminales aprendieron a ser estados para enriquecerse mediante la monopolización del narcotráfico, la minería ilegal y demás negocios ilegales.

En el futuro inmediato, el problema no es prohibir un paramilitarismo caduco, que ya nada tiene que ver con asuntos contrainsurgentes. Lo prioritario es neutralizar, no en las leyes sino en la práctica, unas organizaciones criminales que sin vacilar asesinan a cualquier líder político que se interponga en su afán de controlar sociedades periféricas.

GUSTAVO DUNCAN

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA