Opinión

Regreso al pasado

La clase dirigente no distingue entre lo público y lo privado cuando se trata de controlar recursos.

21 de abril 2018 , 12:00 a.m.

A pesar de los resultados positivos de las economías latinoamericanas, entre 1945 y 1975, Los Treinta Gloriosos, el modelo de industrialización por sustitución de importaciones cepalino fue reemplazado por el modelo aperturista neoliberal del Consenso de Washington (CW), que ya sobrepasa las cuatro décadas, con resultado muy decepcionantes, en crecimiento, desigualdad del ingreso, y transformación de las estructuras productivas.

El Consenso de Washington no solo toma su nombre por su lugar de origen y asentamiento de los organismos multilaterales del FMI, el Banco Mundial, y la Secretaria del Tesoro de los EEUU, como operadores de las políticas neoliberales, sino también por ser la expresión de quien daba las ordenes y daba cuerpo a la doctrina neoliberal: “Liberalizar el comercio, privatizar las empresas estatales, equilibrar el presupuesto, fijar el tipo de cambio, y habrá sentado las bases para un despegue económico” (Paul Krugman). “El Mandato” de Washington

Según el historiador estadounidense Joseph Love (The Rise and Decline of Economic Structuralism in Latin America), el factor mas sobresaliente para el cambio de modelo en Latinoamérica fue la disolución de la URSS en diciembre de 1991, y que fue interpretado por las elites como el Fin de la Historia (1992, Francis Fukuyama) y por lo tanto como el triunfo de los valores liberales y del mercado sobre la planificación y el socialismo.

En consecuencia, debido a las fallas reales o supuestas del modelo de la CEPAL, ese si un modelo hecho por latinoamericanos para Latinoamérica, y a las circunstancias históricas, el CW hizo revertir las políticas de intervención estatal y en general todas las políticas que sustentaban las políticas de industrialización por sustitución de importaciones. La ventana de oportunidad para Latinoamérica había pasado, como diría la profesora Alice Amsden, y había llegado la globalización corporativa a dictar y a implementar las reglas del juego económico a su favor.

Esta renuncia a la soberanía nacional, en nombre del cosmopolitismo globalizador, es la expresión de los intereses nacionales de los países dominantes.

El CW privilegia la libertad de comercio (eliminación de la política industrial) y de capitales (eliminación a las restricciones de la cuenta de capitales); y por otro, la reforma institucional de la banca central independiente centrada en la inflación, como exigencia previa de la austeridad fiscal, para resguardar los activos financieros del aumento de precios, mientras los salarios son atados al índice de precios. Estos últimos suben por la escalera y las ganancias suben por el ascensor.

Estas reformas de política que eliminan la capacidad de los estados de conducir políticas expansivas propias a través de la emisión monetaria para financiar sus déficits fiscales y reflacionar sus economías, conllevan a la pérdida de soberanía nacional, y al endeudamiento permanente que favorece los intereses de la banca internacional, y sus filiales locales, que se convierte en succionadora de los ingresos nacionales convertidos en renta.

Esta renuncia a la soberanía nacional, en nombre del cosmopolitismo globalizador, es la expresión de los intereses nacionales de los países dominantes, con efectos negativos especialmente sobre los países de menor desarrollo que no han podido impulsar su base productiva manufacturera e incluso sobre aquellos en donde ha retrocedido en un proceso de desindustrialización temprana, como es el caso de América Latina, siendo Colombia un ejemplo sobresaliente con la reprimarización de la economía.

Este proceso ha producido un cambio de estructura productiva regresiva, en donde el crecimiento del PIB es apropiado de manera extractiva, rentística y patrimonialista. En consecuencia, la clase dirigente no distingue la frontera de lo público y lo privado cuando se trata de controlar recursos y políticas, generando desigualdad en la distribución del ingreso y de la riqueza.

No se trata solo de que el PIB crezca sino de transformar la base productiva, con el apoyo de la innovación tecnológica generada por el desarrollo científico tecnológico, que es consecuencia de la inversión creciente en estos renglones.

¿Cuál es el plan económico de los candidatos a la Presidencia de la República? ¿Quién propone algo distinto a rebajar impuestos? ¿Quién propone trasformar la estructura productiva primaria exportadora en una estructura moderna basada en el desarrollo científico-tecnológico? ¿Cómo se construye un país capitalista avanzado? ¿Capitalista? Si, capitalista. ¿Cambiando la destinación de los lotes rurales en urbanos o invirtiendo en empresas dinámicas e innovadoras? ¿Quién es un empresario y quién un rentista? El empresario crea riqueza, el rentista la disminuye para fines productivos.

¿Quién propone disminuir la desigualdad en la distribución del ingreso y cómo? ¿Quién propone cambiar la distribución de la tierra? ¿No es acaso la alta concentración del ingreso y de la tierra consecuencias de la lucha de clases a favor de las clases tradicionales rentistas parasitarias y del atraso económico? ¿Odio de clase? Si fuera por el número de muertos y desplazados por el conflicto armado, el odio de clase vendría de arriba hacia abajo. No al revés. Los lobos se disfrazan de ovejas.

Avanza más el cangrejo caminando hacia atrás. Por eso el candidato de los jóvenes no es el que tenga menos años, Iván Duque, sino el que pueda ofrecer una idea de futuro para ellos, sin ser prisionero del pasado.

GUILLERMO MAYA

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