Opinión

Reforma agraria y desarrollo (y plebiscito)

Una de las áreas en que la experiencia histórica del este asiático y América Latina difiere es el desarrollo de las estructuras agrarias.

13 de septiembre 2016 , 04:51 p.m.

Mucho se ha escrito sobre los factores que determinaron el desarrollo de los países del este asiático (EA) y su comparación con los países de América Latina (AL) en términos de crecimiento del PIB, exportaciones de manufacturas, empleo industrial, distribución del ingreso, etc. En todos estos indicadores, los países del EA superan a los de AL.

La narrativa convencional destaca que el éxito de los países del EA estuvo basado en sus políticas “orientadas hacia fuera” (libre comercio), en oposición a las de AL, “orientadas hacia adentro” (proteccionistas), con graves distorsiones en la actividad económica.

Exceptuando a Hong Kong, los países del EA no adoptaron el libre comercio. Singapur, Corea y Taiwán tuvieron políticas de sustitución de importaciones, como los de AL, antes de lanzarse a la conquista de los mercados externos, y al mismo tiempo que promovían las exportaciones, también protegían el mercado doméstico. Incluso, respecto a la inversión extranjera directa, los países del EA, Corea y Taiwán, fueron más cerrados que los países de AL. Igualmente, existe una fuerte evidencia empírica de que la fuerte intervención estatal fue vital para la industrialización exitosa de estos países.

Desde este punto de vista, Rhys Jenkins (1991, La economía política de la industrialización) señala que es la efectividad de la intervención del Estado la diferencia crucial entre el EA y AL, y esa efectividad está determinada por la autonomía del Estado, mayor en EA que en AL, frente a los diversos sectores de la sociedad como un factor que determina la capacidad el estado para implementar las políticas.

Esa relativa autonomía del Estado se refiere a la habilidad del Estado de perseguir políticas que están en interés de la sociedad en su conjunto, incluso cuando estas políticas entran en conflicto con intereses particulares de sectores de la élite dominante. Mientras en AL los intereses sectoriales del capital predominan, y se convierten en objetivos del Estado, en el EA el Estado es claramente dominante, y es capaz de desarrollar objetivos nacionales.

Una de las áreas en que la experiencia histórica de EA y AL difiere es en el desarrollo de las estructuras agrarias. En Corea del Sur y Taiwán, el colonialismo japonés debilitó severamente la clase gobernante tradicional y la aristocracia terrateniente, arrebatándoles su poder político, y esto llevó, como en el caso coreano, a que fueran identificados como colaboracionistas de los japoneses. El golpe de gracia vino con la reforma agraria después de la Segunda Guerra Mundial. En Taiwán, el Kuomintang, un partido nacionalista de derecha, fue capaz de introducir la reforma agraria gracias a que ellos no poseían la tierra en la isla, mientras que en Corea la necesidad de estabilidad política condujo a la reforma agraria, bajo el patrocinio del Gobierno de los EE. UU. El resultado fue que en EA se produjo una más equitativa distribución de la tierra.

Al contrario, en AL, considerando a los países de mayor industrialización, Argentina, Brasil, y México, la estructura agraria de estos tres países ha sido dominada por los grandes latifundistas, como en Colombia. Mientras en el EA los terratenientes prácticamente perdieron el poder sobre la tierra y el Estado, removiendo así los obstáculos potenciales a la industrialización, en AL continuaron ejerciendo una influencia política significativa, diferencia que sería crucial para los patrones de desarrollo de los dos grupos de países.

En el EA las reformas agrarias permitieron que los terratenientes fueran remplazados por el Estado en el control político y económico del campesinado, lo que posibilitó una significativa transferencia de excedentes de la agricultura hacia la industria. Sin embargo, en AL el resultado de la existencia continuada de los terratenientes con un grado alto de poder político se expresa a nivel económico en la apropiación de una gran parte del excedente económico, que toma la forma de bajos impuestos, acceso a crédito barato, insumos subsidiados y acceso preferencial a la infraestructura financiada por el Gobierno.

En el EA, como consecuencia, no obstante las trasferencias de la agricultura hacia la industria, la productividad de la agricultura, tanto del trabajo como de la tierra, creció a tasas importantes. Sin embargo, en AL ha habido poca presión para que la agricultura se modernice, con algunos logros en Brasil. La productividad ha crecido por debajo de la del EA y la dependencia de las importaciones de alimentos se ha incrementado, como en Colombia.

En conclusión, el ejemplo de los países del EA señala que la reforma agraria para disminuir la gran concentración de la tierra es necesaria para impulsar el desarrollo capitalista industrial –¿quién dijo castrochavismo?–, prerrequisito que no se ha alcanzado en AL, y el poco desarrollo industrial mediocre alcanzado, de baja productividad y bajos salarios, está desapareciendo, mientras se reprimariza la economía.

Esta es una de las situaciones que es necesario empezar a cambiar en Colombia con el Sí del plebiscito el próximo 2 de octubre.

Guillermo Maya

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