Opinión

No hay voluntad de cambio en Colombia

La resistencia de la élite al cambio estructural en nuestro país tiene raíces históricas.

15 de abril 2017 , 04:49 a.m.

James Robinson, profesor de Harvard, coautor del libro ‘Por qué fracasan los países’ (2012), vuelve a sorprendernos con ocasión de la recepción del doctorado honoris causa, otorgado por la Universidad de los Andes, con un discurso titulado ‘Colombia: el derrumbe parcial’ (abril 1.° del 2017), que bien vale la pena leer.

Robinson se ha vuelto un personaje nacional a quien le importa el país de manera genuina. Sus trabajos en el campo de la economía están dirigidos a estudiar los aspectos políticos e institucionales del desarrollo de las economías, entre ellas la colombiana, para explicar por qué razones unos países no avanzan y otro sí lo hacen.

En esta ocasión, el profesor quiso compartir lo que ha aprendido en los últimos 23 años en Colombia. La pregunta que se hace es ¿Colombia emergerá ‘más pacífica y próspera’ del acuerdo del Gobierno con las Farc? Para responder, Robinson trata de resolver dos preguntas: primera, “¿qué causa el conflicto colombiano?”; segunda, “¿el acuerdo que firmó el Gobierno con las Farc va a lidiar con las causas del conflicto, suponiendo que esto es necesario para la paz?”.

El análisis de Robinson se basa en el informe “que fue preparado por un grupo de académicos llamado Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas”, buscando las palabras más frecuentes en los trabajos que dan una perspectiva de importancia de los temas tratados.

La respuesta a la primera pregunta es que “la clave del conflicto es la deficiencia del Estado, su ‘derrumbe parcial’: el ‘elefante en la habitación’ del conflicto colombiano es la forma como el Estado se organiza y funciona –o no funciona–”.

“Arreglar el ‘derrumbe parcial’ no es fácil. Es un reto político. (…) Mucha gente en Colombia se beneficia del ‘derrumbe parcial’. Por esto es tan difícil que cambie”. Por ejemplo, “¿por qué un Estado colombiano (…) sería capaz de implementar un ‘desarrollo rural comprehensivo’ cuando ha fallado en hacerlo por décadas? ¿Lo logrará solo pasando más leyes? Pues no se puede confiar”.

“¿Por qué el Gobierno y las Farc firmaron semejante acuerdo que ignoró el elefante en la habitación? Creo que es porque el Gobierno no está interesado en cambiar a Colombia. Las élites políticas colombianas tienen la narrativa de que Colombia es un país exitoso y que han tenido mala suerte”. En conclusión, “si no hay nada mal, no hay nada que arreglar y, por eso (…) no hay necesidad de pagar impuestos si no es necesario transformar el Estado (…)”.

La respuesta a la segunda pregunta: “El problema es que sin una solución al ‘derrumbe parcial’ todo puede renacer nuevamente como ha sucedido en el pasado”. La violencia vuelve y juega.

El profesor se pregunta: “¿Por qué las Farc firmaron este acuerdo? ¿No hubieran podido usar su poder de negociación para poner el elefante en la mesa? De pronto. Pero tal vez ellos solo quieren tener ‘su turno para comer’, como dicen en África. Espero que me demuestren lo contrario”.

Robinson y su colega Daron Acemoglu, en el artículo ‘El atraso económico en perspectiva política’ (2006), ya habían desarrollado la tesis presentada en su discurso en la Universidad de los Andes, con el concepto de ‘efecto de reemplazo político’, para explicar por qué las élites pueden bloquear el cambio institucional y tecnológico: “Las innovaciones a menudo erosionan las ventajas de las élites políticas, aumentando la probabilidad de que sean reemplazadas. Temerosas de ser reemplazadas, las élites políticas no están dispuestas a iniciar un cambio económico e institucional”. No quieren competencia. Eso explica el resultado del plebiscito pasado.

Robinson es optimista frente a la inversión en educación para el cambio social: “si yo tengo educación, eso no impide que usted tenga educación. Es por esto que una institución como la Universidad de los Andes es tan importante para el futuro de este país”. Sin embargo, el modelo aperturista, primario-exportador, un fracaso de enormes proporciones, ha sido agenciado por presidentes y ministros egresados de los Andes, desde los años 90 (s. XX). Los Andes está sobrerrepresentada en el poder.

La resistencia de la élite al cambio estructural tiene raíces históricas: “El desarrollo en América Latina se está moviendo a lo largo del curso de los recursos naturales, en un proceso que refuerza las conductas de búsqueda de rentas y la concentración del ingreso en la élite”.

Por eso, “la resistencia a la implantación de políticas que cambien la estructura productiva y reduzcan la concentración del ingreso es la consecuencia lógica de tal proceso de perpetuación. Esto evoca y explica la inercia estructural en la región” (Cimoli y Rovira, Elites and Structural Inertia in Latin America).

Para que nada cambie, el recurso de la fuerza siempre está presente, como señalaba Raúl Prébisch, y aquí reside la clave del problema propuesto por Robinson: ¿Colombia emergerá ‘más pacífica y próspera’ del acuerdo del Gobierno con las Farc? La mayoría esperamos que sí.

GUILLERMO MAYA

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