Opinión

Avanza el golpe suave contra Trump

Su primer mes de gobierno ha sido no solo un caos completo por su culpa, sino por la gran prensa.

03 de marzo 2017 , 08:18 p.m.

El 8 de noviembre del 2016, Donald Trump fue elegido presidente de EE. UU., e inmediatamente la candidata del Partido Verde Gill Stein contó con millones de dólares para pagar a varios estados el reconteo de los votos manualmente, impugnando la votación ganadora y favoreciendo a Hillary Clinton. Esta opción fue derrotada.

Trump ganó a pesar de su partido, de la gran prensa, de Wall Street, de las agencias de inteligencia, del gran capital y de los intereses globalistas que apoyaban a Clinton; y a pesar de los modelos probabilísticos y en contra en las apuestas, etc.

Y si así fue, tuvo que ser con la ayuda de un factor externo. Rusia, dedujeron los derrotados. Las agencias de inteligencia, por su parte, y sin evidencia contundente, salieron a decir que Rusia se había asociado con la campaña trumpista y había ‘hackeado’ los correos electrónicos del comité demócrata y las elecciones en EE. UU. a favor de Trump.

Lo que sucedió con el comité demócrata fue que alguien desde adentro hizo las filtraciones de los correos de la campaña a Wikileaks, incluidos aquellos con instrucciones del juego sucio en contra del otro candidato demócrata, Bernie Sanders. Pero el problema no son las filtraciones, sino los hechos mismos que develaron a la ‘real’ Hillary Clinton enredada en sus propias trampas como secretaria de Estado y como candidata de la élite de Wall Street.

La carta rusa ha servido para deslegitimar a Trump desde el principio: títere de Putin. El acercamiento entre Trump y Rusia es benigno para el mundo, pues desactiva la política de confrontación que las élites trasatlánticas han venido montando en contra de Rusia a través de la OTAN, cercando y estableciendo bases militares alrededor de Rusia por ser obstáculo en los sueños imperiales de convertir a EE. UU. en el pivote-eje de la economía asiática, en contra de China, aliada de Moscú.

El primer mes de gobierno de Trump, convertido en ‘reality show’, ha sido no solo un caos completo por su propia culpa, sino también por la gran prensa, que exageró las filtraciones de las agencias de inteligencia sobre las conversaciones entre el asesor de seguridad de Trump, ‘Mike’ Flynn, y el embajador ruso en Washington como una traición en beneficio de una potencia extranjera, mientras la prensa toma un fuerte tono controversial, desacostumbrado, en contra de un presidente recién posesionado. No lo han dejado respirar, mientras Trump les dice: “Enemigos del pueblo”.

Además, Obama, el pasado 17 de diciembre, había otorgado poderes a la NSA (Agencia Nacional de Seguridad) para que compartiera inteligencia con otras 16 agencias similares, entre ellas la CIA y el FBI, elevando el riesgo de que alguien usara la información de manera inapropiada o de que fuera filtrada, y además de que fuera más difícil de detectar quién lo había hecho y en dónde. Obama esperó hasta el último día para hacer esos cambios, que en ocho años no había hecho. Las condiciones del golpe suave estaban dadas, como sucedió en el caso del general Flynn, quien fue la primera baja en las filas de Trump, realizado por las agencias de inteligencia y la gran prensa (Mike Whitney).

¿Cómo nos deshacemos de Trump?, se pregunta Nicholas Kristof, del NYT (feb 17, 2017). Kristof examina dos vías: una, la enmienda 25, sección 4: El gabinete en pleno por simple mayoría le quita los poderes a Trump y se los entrega al vicepresidente; dos, el juicio político en el Congreso, que también requiere dos terceras partes para remover a Trump. Es la mejor, dice el columnista. La carta rusa vuelve y juega en el juicio político a Trump. El objetivo es cooptarlo o hacerlo renunciar.

Ahora, el nobel de economía Krugman: “Si usted tuviera un empleado comportándose de esta manera, inmediatamente lo alejaría de cualquier cargo de responsabilidad y le sugeriría que buscara consejería. Y este tipo es comandante en jefe de los militares más poderosos del mundo” (Donald the Menace, nytimes.com, feb. 3, 2017). No es Latinoamérica, es EE. UU.

Por su parte, Bill O’Reilly, de la cadena Fox, le preguntó a Trump en una entrevista cómo podía ser amigo de un matón como Putin, a lo que Trump respondió: “¿Es que nosotros somos inocentes? Nosotros también tenemos nuestros matones”. ¿Cómo Trump podía colocar en pie de igualdad moral a su país con Putin? Los latinoamericanos sabemos de qué estaba hablando Trump, pero para el “Estado profundo”, incluidos los medios, es una blasfemia.

Se decía que en EE. UU. no había golpes de Estado como en Latinoamérica porque en Washington no había embajadas de EE. UU. Ahora tenemos uno en vivo y en directo. No se lo pierda. Los buenos no van a ganar. Esta es una película de ‘malos’ en donde la disputa es por la estrategia que se debe seguir: con o sin Rusia, pero todos con Goldman Sachs.


GUILLERMO MAYA

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