Opinión

A Propósito del Foro Mundial Cafetero

¿Los términos de intercambio negativos de los productos básicos es cosa del pasado?

27 de julio 2017 , 12:00 a.m.

Con ocasión del Foro Mundial de Productores de Café en Medellín, celebrado en la segunda semana de julio, con presencia del expresidente Bill Clinton, vocero del libre comercio -vino porque le pagaron- se formuló de nuevo la conveniencia de la diversificación agrícola. Sin embargo, la diversificación no solo es conveniente para el campesinado, sino también para la economía como un todo, asunto que nadie menciona en un foro cafetero, porque el progreso de las naciones no está determinado por la especialización sino por la diversificación y complejidad productiva.

La cadena cafetera genera 200.000 millones de dólares anuales, los países productores solo reciben 20.000 millones; es decir, un total de 10%, que para los campesinos se convertirán en una parte más pequeña. Por otro lado, los términos de intercambio netos de los productos básicos, alimentos y materias primas agrícolas (exportados), respecto a los precios de los precios de los productos manufacturados (importados) tiene una tendencia de largo plazo, negativa. Por ejemplo, en abril 14 de 1977, la libra de café se logró vender por 3.32 dólares en el mercado de Nueva York, esa suma equivaldría hoy a 13.55 dólares, pero se vende a 1.33 dólares. Es decir, una caída del precio nominal del 60 por ciento y del 90.2 por ciento en el precio real: el precio de hoy es solo el 9.8 por ciento del precio en 1977.

En este sentido, la economista y profesora de la New School University (NY), ya fallecida, Alice Amsden señalaba que las pérdidas de los términos de intercambio, a finales del siglo XX, de los países en desarrollo (periferia) medidos en dólares “fueron por un monto total de 350.000 millones de dólares para el período 1980-1992” (2009, The wild ones: industrial policies in the developing world).

Las elites colombianas siguen dando palos de ciego con las estrategias de desarrollo económico basadas en la magia del libre mercado

Por su parte, el historiador económico y profesor de la Universidad London School of Economics, Patrick O'Brien sostenía que no hay signos ni remotos de un mejoramiento de los precios de los bienes primarios, y por lo tanto el deterioro de los términos de intercambio continúan, y que la solución es recurrir a la industrialización y a la exportación de manufacturas: “las perspectivas de que tendencias de precios más favorables surgirán ya sea a través de cambios en la demanda o artificialmente a través de la formación de cárteles exitosos entre los productores primarios del Tercer Mundo (como lo tuvo el café) ahora parecen lejanas” (1997, 'Intercontinental Trade and the Development of the Third World since the Industrial Revolution').

La ruptura del del Pacto Mundial de café en 1989 se hizo para imponer el libre comercio del grano, acabando con un “sistema de mercado que le había dado resultados favorables a los productores de café durante casi tres décadas: el pacto establecía cuotas de producción, lo que permitía mantener a raya la oferta, garantizando niveles razonables de precios para los agricultores en todo el planeta” (Revista Dinero, 'El fin del Pacto Cafetero', agosto 21-2013).

Por otro lado, los países desarrollados han generado cambios tecnológicos para sustituir bienes agrícolas importados, algodón por materia primas sintéticas o para sustituir productos tropicales como azúcar por el jarabe de maíz, afectando los precios de los países productores por reducción de la demanda. Además, como paradoja, los países del centro han implementado aranceles protectores para su agricultura y otorgado grandes subsidios, mientras piden libre comercio a los países periféricos para los bienes agrícolas que exportan, como leche y derivados y granos, deteriorando de paso los ingresos recibidos por los productores de los países periféricos.

En consecuencia, O'Brien señala que la necesidad de construir una base manufacturera propia en los países periféricos “ha sido reforzada por las políticas de protección agrícola perseguidas persistentemente por los gobiernos europeos y estadounidense”.

¿Los términos de intercambio negativos de los productos básicos es cosa del pasado? Para poner el asunto en el contexto contemporáneo, y no solo de exportaciones agrícolas sino también de manufacturas intensivas en trabajo, se podría citar el ejemplo del prominente economista contemporáneo Dani Rodrik quien señala que “los precios mundiales de las importaciones estadounidenses cayeron en relación con lo que exporta. Estas son ganancias que se hicieron a expensas de otros países” (2017 'Populism and The Economics of Globalization'), dentro del TLC de América del Norte, incluido México.

En conclusión, este es el problema entre centro y periferia al que se refiere Prebisch, y la necesidad de promover la industrialización en la periferia, que ya he señalado en una columna anterior. Sin embargo, las elites colombianas siguen dando palos de ciego con las estrategias de desarrollo económico basadas en la magia del libre mercado y en las exportaciones primarias como expresión de las ventajas comparativas, como las pitahayas del expresidente López u otras rarezas agrícolas, mientras el país se desindustrializa.

GUILLERMO MAYA

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