Opinión

¡Uribe tiene razón!

Ninguna fórmula de silencio logra mimetizar los actos que hubiera cometido la guerrilla de las Farc.

22 de diciembre 2017 , 11:18 p.m.

Los juicios del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoeslavia (con suicidio teatral de un general genocida), así como las recientes sentencias a criminales de la dictadura en Argentina que se recreaban lanzando ‘comunistas’ desde aviones en vuelo, esperanzan en cuanto acreditan que los crímenes atroces, en particular los que han buscado exterminar grupos étnicos u opositores ideológicos, flotan durante años entre atoramientos de impunidad y trampas del recuerdo, pero una cierta mañana vuelven a la mesa, reaniman la memoria y, en el alcance posible para decirnos que vale la pena resistir, reciben castigo.

Hechos así incluso dan a pensar que el expresidente Uribe y sus coristas de partido (lamentablemente enfundados en lucrativo encono) pueden tener razón: ninguna fórmula de silencio o escaso reproche logra mimetizar, ahora ni nunca, los actos atroces que hubiera cometido la guerrilla de las Farc. No pasará porque no hay amnesia general y nada flota por siempre en el aire; porque las decisiones de casa no alcanzan para cubrir en el largo plazo las violaciones de derechos humanos punibles internacionalmente.

Uribe es católico (o dice serlo), lo que obliga a tirar la piedra y mostrar la mano, ver la viga en el propio ojo, no solo la paja o lo que sea en el del vecino. No se hallará respuesta por la masacre de las bananeras (caso que una insustancial congresista da por ficción), pero es apropiado persistir en que una fecha aplazada pero imposible de tachar, aquí o en un escenario internacional de justicia, los episodios de la violencia del país (desde donde hayan venido) se pongan en lupa y reciban suficiente pena. Esto significa, en síntesis, que si una política o mínimo acto de Estado fueron serviles al terror en cualquier época (incluidas, si correspondiera, las administraciones del expresidente u otras), los autores y determinadores tampoco podrán esconderse de los ahorcados colgantes en sus ramas.

Probablemente los miembros de las Farc ligados a atrocidades deban ir en vida ante un tribunal internacional. Entonces, el expresidente Uribe, tenaz en la justicia sin olvido, también podrá decir si alguna paja o viga hubiera en sus ojos por asuntos que flotan o se debaten de sus coequiperos. Décadas pasaron desde lo de Yugoeslavia y Argentina sin que se borrara el hilo de la sangre. No hay ríos con una sola orilla.

GONZALO CASTELLANOS

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