Opinión

Perdón presidencial

Se canjea por votos por silencios. Yo te perdono, tú me perdonarás. Rabo de paja, tierra en la boca.

24 de febrero 2017 , 10:00 p.m.

Algunos, cómo llamarlos sin menospreciar su capacidad tóxica... bueno, algunos lamedores ya andan revolviendo la ola para que el Presidente en Colombia tenga la facultad de perdonar penas a delincuentes, igual que lo hace el gobernante de los Estados Unidos al final de cada mandato. Si lo practican los gringos (algo por acá venerable, incluso si se pasa por alto que Ford perdonó a Nixon porque sí, simplemente porque le dio la gana), rezagados estamos en instituirlo, parece el lamedor e incontestable razonamiento.

Así es que como pocas cosas políticas o de la regulación de alto vuelo suceden en este país (en ninguno realmente) sin que alguien intrigue tras el biombo con intereses particulares costosos, bastante riesgoso se ve que en breve debamos asistir al debate de una centésima reforma constitucional (aquí, la Constitución, sabemos, se cambia en cada lluvia), para que tal institución se instale con el propósito de quedarse largo tiempo y darle sepultura a cualquier debate que intente alzar la voz acerca del inframundo de la corrupción.

Aquellos degenerados comerciantes de cargos, presupuesto y favores públicos son muertos vivientes, depredadores que regresan por más.

¡¡Auxilio!! Algo se mueve si el río suena. Cabe imaginar lo que sería noticia a la vuelta de poco, digamos en el año 2022, si aquí un presidente tuviese la autonomía de dar indultos: balada del perdón, se vende clemencia a millón, a billón. Se canjea por votos por silencios. Temible cartel de indultos presidenciales perdonado por el presidente; oficina de abogados e inversionistas implicados en mercado de perdones. Fulano de tal, ladrón, asesino, estafador, vuelve de su madriguera en el exterior y recibe indulto del señor presidente. Yo te perdono, tú me perdonarás. Rabo de paja, tierra en la boca. Todos en la repugnante cama.

El inframundo de la corrupción en Colombia no tiene Cerbero (aquella figura mitológica con forma de perro de varias cabezas y cola de serpiente que impedía a los muertos volver al universo humano). Aquellos degenerados comerciantes de cargos, presupuesto y favores públicos son muertos vivientes, depredadores que regresan por más. Los alimenta que este sea uno de los países más inequitativos del mundo; les deleita nuestra resignación. Extradición pronto, y atención que esto también se cocina. En el futuro de algunos se trasluce una celda en Estados Unidos; allí es poco probable que reciban o puedan confabular perdón, ni siquiera presidencial.

GONZALO CASTELLANOS

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