Opinión

¡Extraditar torcidos!

La impunidad es un sistema milimétricamente montado en el país y no cambiará.

16 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

Otras veces me he hecho ilusiones que terminan en el botadero. El mismo triturador de basura en el que desembocan el estatuto anticorrupción, el antitrámites, el código de (y la) ética de congresistas y altas cortes, la reforma política, el juramento de los funcionarios pillos o la noticia de que hoy los atraparán.

En estos tiempos no pasará nada. Nada de fondo que cancele para los cleptómanos de las finanzas públicas la licencia para saquear. Recordarán algunos el cuento La perla, de Mishima, o las novelas de Agatha Christie, en los que todos son tan sospechosos e implicados que a la postre (o en el postre) nadie es culpable. Es estrategia del crimen envolver al grupo de forma que la responsabilidad se diluya (o en realidad todos tienen algo comprometido). De oírlo o escribirlo repetidamente, se compacta la idea de que “esto de la corrupción ya está muy harto, no le demos más a eso”, y pasamos la página.

De oírlo o escribirlo repetidamente, se compacta la idea de que “esto de la corrupción ya está muy harto, no le demos más a eso”, y pasamos la página

Maniobras que conocerán Besaile (autoproclamado víctima), Lyons, Bustos o los de similar ADN, entre investigados e investigadores que son (o han sido) socios, abogados, coequiperos. Todos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Los días arrastran olvido. Las ‘puertas giratorias’, esa frontera libre para saltar de negocios particulares a entidades públicas, al Legislativo, a los organismos de control y tribunales, lo consiguieron: la impunidad es un sistema milimétricamente montado en el país y no cambiará, porque los que podrían hacerlo de un modo u otro han pasado por la rueda (visto está que hay gente correcta, la mayoría cabe decir, aunque yerma frente a las sofisticadas técnicas de la corrupción).

Alternativas SÍ hay, pero externas: una es avanzar fuerte en el delito transnacional (los roñosos corruptos mueven fichas y plata sucia a Panamá o EE. UU., entre otros), lo que implica que afuera pueden arrojarles la red. Si no extraditan a Moreno (el exfiscal), cosa que algunos negocian fuerte, esta posibilidad se caerá. La extradición se plantea hoy como determinante vermífugo contra esta plaga. La otra (y verán que llegará el momento) es reconocer incapacidad interna de solución y acudir a una instancia internacional, como se está ensayando con éxito en Guatemala.

Los corruptos dirán que Guatemala es un puntico, que somos un ‘paisote’, y esto afecta la soberanía nacional. Obvio, esa soberanía es su mascarada.

GONZALO CASTELLANOS

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