Opinión

¡Al carajo el miedo!

No me inviten otra vez a votar por temor a, por el peligro de, por el odio contra.

16 de junio 2018 , 12:00 a.m.

En el colegio al que va Zalma, las niñas que rondan los diez años le dicen: “No podemos votar por Petro, porque si gana ese señor apenas nos va a dejar una casa, un carro y, lo más terrible, una sola mascota”. Cándido y duro; tanto, valga decir, como la trilla de Humberto de la Calle, obstinado buscando tatuar en cada cráneo del universo que por no ser él el elegido (y sobre todo si lo es Duque), la guerra toca cornetas y ya dobla la esquina para volver a quemarnos el aliento.

Innegable que esta que se da por democracia, algunos días sabe a ceniza; y claro que la mayoría de promesas de campaña terminan en el triturador de papel, porque no son lejanos los gobiernos con rasgos de mafia, de tosca fachada. ¿Pero quieren saber algo? Muy hasta la médula estamos del mercado del miedo, del terror epistémico que han conseguido inocular a nuestro ADN político. Toda una vida oyendo a tenderos, políticos y sabios anunciar que el país desaparecerá si tal o aquel gana; que las Farc en las montañas, las Farc en el Congreso; los que no están conmigo comen gente, ahí viene el coco, ya llegan los alemanes.

No me inviten otra vez a votar por temor a, por el peligro de, por el odio contra. Hagan un envoltorio con sus panfletos apocalípticos y métanlo donde prefieran. Profetas del abismo, queremos devolverles su miedo. Dejárselo a la puerta de sus casas con todos y tantos intereses causados. Si este país de verdad se fuera por el desagüe ante el triunfo de Petro o porque lo lograra Duque, entonces de qué lugar de humo estaríamos hablando. Tal vez de un poco de algodón. De un país que no ha construido nada, sin amarres; de una sociedad incompetente, asustadiza, incapaz de la resistencia o la desobediencia civil, que es el mejor de los derechos; una masa pequeñísima para gobernantes de ocasión. Entonces, qué más daría P o D, o el triunfo del peor.

Todas las guerras aguardan en la otra acera. Muy cerca han asesinado personas buenas, exterminado a la UP, torturado y desaparecido. Y hemos perseverado. Es fascinante la política como contracara del poder y la libertad, como expresión de independencia; pero tóxica cuando opera cual práctica de resignación. El llamado está ahora a votar por el que plazca o a ninguno; no más por miedo o como rendición ante el menos despreciable.

GONZALO CASTELLANOS

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