Opinión

Lo que no mide el Mide

No se ha avanzado en el análisis de las causas que permita trazar políticas sensatas.

05 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

La semana pasada, el Ministerio de Educación dio a conocer los resultados de su última versión de esta herramienta de análisis de la educación superior. En la versión 2017 se hicieron muchas mejoras al esperpento que habían divulgado en el 2015, suscitando toda clase de críticas por su fragilidad conceptual y técnica. Finalmente, de las carreras no queda sino el cansancio.

En esta ocasión se ha introducido el Mide T, que analiza la educación técnica y tecnológica. Esta herramienta todavía parece precaria, especialmente porque cerca de las dos terceras partes de la matrícula tecnológica las aporta el Sena, y estos programas no se han incluido en el análisis. De una parte, se asume que la cobertura de la educación superior ha llegado al 51 %, pero si se resta lo que aporta el Sena quedaría en el 31 %. Si esa institución sí es de educación superior, debería acogerse a todas las exigencias que tiene el sistema para validar su calidad en igualdad de condiciones con las demás instituciones de la misma naturaleza.

Un indicador frágil en las dos mediciones (universitaria y tecnológica) es el de pertinencia, pues, si bien puede decir si los egresados del sistema están cotizando a la seguridad social después de un año de graduados, es incapaz de precisar si trabajan en aquello para lo cual estudiaron, que sería la manera de saber si se está respondiendo a las necesidades del sistema productivo. Tampoco, desde luego, puede establecer la calidad de empleo obtenido y su relación con la formación recibida en las IES, para fijar parámetros de movilidad social imputables a la formación. Menos todavía, suponer que pasar a posgrados es señal de mejor calidad.

La pregunta de fondo no es sobre cuánta calidad hay en los diversos modelos de instituciones definidos para la medición, sino cuánta calidad puede ofrecerse a determinados precios

Pero, a mi juicio, la omisión más notable es la ausencia total de parámetros económicos. La pregunta de fondo que debe hacerse no es sobre cuánta calidad hay en los diversos modelos de instituciones definidos para la medición, sino cuánta calidad puede ofrecerse a determinados precios, especialmente si esos recursos deben ser pagados por familias con ingresos que no sobrepasan los cuatro salarios mínimos.

Hasta la revista Motor sabe que la comparación de una gama de automóviles debe incluir el precio como dato relevante. Es imposible ofrecer la misma calidad, tasada en cantidad de profesores de planta, con doctorados, publicaciones internacionales, grupos de investigación y, por supuesto, infraestructura, pasajes internacionales, pasantías... sin contar con el factor económico. En Colombia, el 72 % de las instituciones de educación superior son privadas, y un alto porcentaje de ellas tienen matrículas que no sobrepasan los tres salarios mínimos, porque de otra manera quedarían sin estudiantes.

A estas instituciones, que han venido a llenar los espacios que el Estado es incapaz de cubrir, que sirven para que los funcionarios se hinchen de orgullo por el incremento en la cobertura, se les quiere exigir ahora que hagan lo mismo que aquellas instituciones que acaparan recursos públicos y privados suficientes para financiar las elevadas exigencias de sus acreditaciones de alta calidad y sus puestos en los rankings. El problema es que todo eso debe hacerse por cuenta de las familias con recursos limitados del país.

El Mide puede ser un buen instrumento en tanto ayude a comprender la realidad que tenemos y permita diseñar políticas que contribuyan a reducir las enormes brechas sociales, que al final también se reflejan en las brechas de calidad. Los datos muestran de una manera muy cruda estas enormes diferencias, pero no se ha avanzado en el análisis de las causas que permita trazar políticas sensatas que, en vez de castigar y poner trabas, ayude a la consolidación de un sistema que no podrá avanzar basado exclusivamente en el esfuerzo de una clase media que apenas puede sobreaguar si educa a sus hijos.

FRANCISCO CAJIAO
fcajiao11@gmail.com

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