Opinión

Trump, Macron y la nueva dinámica internacional

Trump desconoce el camino entre europeos y norteamericanos, y pone en riesgo un legado ancestral.

11 de junio 2017 , 04:26 a.m.

Gobernar es estimular e inspirar. Eso, que tan poco se ve por América Latina y la mayor parte del mundo, ha empezado a advertirse en Francia con su nuevo presidente, Emmanuel Macron.

Macron ha comenzado a liderar el eje franco-alemán con actitudes ciertas y alejadas de la ambigüedad propia de los gobiernos en la Unión Europea. La torpe decisión del nacionalista y aislacionista presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de abandonar los compromisos de EE. UU. contenidos en el tratado de París sobre la protección del medioambiente y de reducción de los niveles de contaminación en su territorio plantean varias reflexiones para una Europa que encuentra a Macron en un escenario ideal. Veamos algunas de esas ideas.

En primer lugar, como señalaba Moisés Naím en su columna el domingo pasado, EE. UU. ha abandonado el liderazgo ejercido durante los últimos 70 años. Es una realidad que Occidente se forjó con unos principios fundamentados en el capitalismo, la libre empresa y, sobre todo, la libertad y la propiedad derivados del surgimiento del Estado liberal. Ese fue el camino compartido entre los europeos y los norteamericanos. Trump desconoce esa historia y pone en riesgo un legado ancestral.

Un segundo punto tiene que ver con que la acción de Trump de romper los lazos con Europa le permite a esta salir del letargo político en el que se encontraba. Enfrentar el destino sin EE. UU. y con un Reino Unido marcado por el camino errático que determina su salida de la Unión Europea es uno de los desafíos de la UE, como lo recordaba la canciller alemán, Angela Merkel.

Por lo menos queda claro que en el caso del Reino Unido, sus líderes, empezando por el torpe Cameron, han sido menores frente a la historia y la cultura de la isla. Desconocen que la idea de Europa no es propia del siglo XX, ni es económica.

Por el contrario, es una idea cultural que se engendró a partir del año 800 d. C., momento de la entronización en el poder de Carlo Magno por el papa León III, marcando la idea de Europa a partir de tres factores: el latín, la Iglesia católica y el derecho romano. Esos valores han mutado, pero el concepto cultural está vigente.

Un tercer aspecto se explica por la incomprensión de Trump sobre la noción de ‘solidaridad global’. Es inadmisible que el país que mayor contaminación produce, junto con China, actúe de forma irresponsable ante la comunidad de Estados. Es risible e inverosímil que el presidente de una de las potencias más importantes del mundo señale que él fue elegido para gobernar Pittsburgh, y no París. Una estupidez mayúscula y un desconocimiento del tipo de compromiso general que implica la globalización.

Por último, el abandono de EE. UU. a Europa también tiene consecuencias en la lucha contra el terrorismo islámico global. El señor Trump, desconociendo la importancia de la Otán para Occidente, deja al garete el esfuerzo colectivo de defensa construido después de la Segunda Guerra Mundial.

Recordemos que el artículo 5 indica: “Las partes convienen en que un ataque armado contra una o contra varias de ellas, acaecido en Europa o en América del Norte, se considerará como un ataque dirigido contra todas ellas, y en consecuencia acuerdan que si tal ataque se produce, cada una de ellas, en ejercicio del derecho de legítima defensa individual o colectiva, reconocido por el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, asistirá a la parte o partes así atacadas, adoptando seguidamente, individualmente y de acuerdo con las otras partes, las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada para restablecer y mantener la seguridad en la región del Atlántico Norte”.

Actuar contra la Otán y su artículo 5 y pensar que las alianzas construidas por años dejan de tener importancia, no obstante los valores comunes tan necesarios para frenar estos embates nacionalistas, extremistas y fundamentalistas, es un error que se podrá pagar caro.

Trump abandona el barco que su país dirigía. Macron y compañía, con responsabilidad, tendrán mayores desafíos y compromisos con los valores republicanos. Lo que nadie creía que se vería en el mundo es una realidad. La globalización empieza a cambiar de rostro, de idioma y de escenario. Vivir para ver.


FRANCISCO BARBOSA
Ph. D. en Derecho Público de la Universidad de Nantes (Francia), docente e investigador en la Universidad Externado de Colombia

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