Opinión

El odio en Colombia

La división no nos puede llevar a marcar una nueva generación en la guerra y la indiferencia.

07 de julio 2017 , 12:00 a.m.

En los últimos días leí el ensayo ‘Contra el odio’ de la alemana Carolin Emcke, que permite entender las implicaciones que ese concepto está teniendo en la ruptura social europea y norteamericana y en la edificación de movimientos de ultraderecha en diversos lugares del mundo.

Leyendo a Emcke, por obvias razones aparece en el imaginario del lector, la realidad que se vive en Colombia donde el odio está jugando un papel relevante en una opinión pública que se construye hoy en medio de la violencia de las redes sociales, del irrespeto por la diferencia y de la difamación.

Para la autora, el odio estudiado no es el individual y el fortuito. Es el colectivo e ideológico; el que requiere patrones específicos; el que construye cadenas de asociaciones; el que se esconde detrás de discursos políticamente correctos; el que oculta las peores vejaciones tras la mampara de ciudadanos “preocupados”.

Tomando en cuenta estas reflexiones, vale la pena pensar sobre este aspecto en nuestro país. Desde hace varios años, en especial, en el conflicto personal que existe entre el expresidente y senador Álvaro Uribe y el presidente, Juan Manuel Santos, la ciudadanía ha asumido de manera descarnada ese enfrentamiento llevando al traste amistades maravillosas, rompiendo familias y distanciando a los colombianos.

El logro de la paz con las Farc se ha enmarcado en el crispado ambiente de esta relación que, a pesar de todo, debía residir en un beneficio colectivo. Sin embargo, el encono de ese enfrentamiento ha llevado a que el odio se instale entre nosotros; a que los afectos sin racionalidad marquen nuestro actuar; a rechazar lo que nos haya sido inducido con temor, para protegernos; a producir lo que Martha Nussbaum llama “asco proyectivo”, es decir, rechazar para protegerse.

Hemos venido construyendo imaginarios con fundamento en valoraciones negativas del presente y las hemos proyectado a nuestro porvenir

En estos días, varios medios de comunicación han tratado de explicar por qué los colombianos no se emocionaron con la entrega de armas. De entrada esa afirmación, es una nueva materialización de una división social. Lo que debemos preguntarnos es la significación para la ciudadanía de esa entrega de armas y de fin del conflicto; es la de indagar sobre la significación de esos actos; es la mostrar el origen de la guerra, sus causas y consecuencias. No la de jugar con hechos negativos ab initio.

Hemos venido construyendo imaginarios con fundamento en valoraciones negativas del presente y las hemos proyectado a nuestro porvenir. Esa no puede ser la opción en un país cuyo elemento de cohesión nacional ha sido en nuestra historia una institucionalidad fragmentada y disfuncional manchada de infamias.

Ortega y Gasset señalaba en su magnífico libro ‘La rebelión de las masas’ (1937) que el concepto de nación se debe construir con la voluntad de hacer algo en común; de buscar un futuro colectivo. Si esa voluntad y ese futuro proyecto se evaporan en el odio, en el rencor y en la indiferencia, viviremos en el pasado.

No es en el pensamiento individual como podrá aceptarse la reconciliación colombiana, que no es una mera entrega de armas, es en la aceptación del otro y en el entendimiento de las víctimas. Es en la búsqueda de un futuro colectivo en paz y no en el acendramiento de las heridas.

La división, la ruptura, el fraccionamiento no nos pueden llevar a marcar una nueva generación en la guerra y la indiferencia. Colombia necesita que el rencor vehiculado por algunos se detecte. La crisis que hace que todo sea valorado erradamente, me trae a la memoria una frase del eximio escritor español, Enrique Vila-Matas cuando en su libro ‘Dublinesca’ (2010) indicó: “Cualquier crisis es solo, en el fondo, la proyección de nuestra angustia existencial”.

Debemos mirar para adelante y pensar en colectivo. De eso depende el futuro; de eso depende la paz.

FRANCISCO BARBOSA
* Doctor en Derecho Público de la Universidad de Nantes (Francia), abogado, docente e investigador en la Universidad Externado de Colombia.

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