Opinión

Camándulas versus derechos

Hay un trecho que va de la legítima protesta al acoso y a la violencia simbólica.

21 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

La decisión de interrumpir voluntariamente un embarazo nunca será fácil. Y no estoy hablando de abortar. Me refiero a la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) como una opción ética que nos permite encontrarnos con mujeres libres y autónomas, responsables y plenamente conscientes de una decisión a partir de ese nuevo concepto de sujetas de derecho.

Se abre así la puerta a la modernidad, a la solidaridad y a procesos democráticos que privilegian el derecho de las mujeres a decidir sobre sus vidas, sus cuerpos, su sexualidad y su intimidad. Hoy, en Colombia, y desde hace ya doce años, muchas mujeres no abortan: interrumpen voluntariamente su embarazo.

Sin embargo, esta decisión siempre será para una mujer un evento difícil que la deja en medio de complejas preguntas que casi siempre se asumen desde su fuero más íntimo y personal, donde nadie debería tener el derecho a entrometerse.

Estas mujeres que lograron llegar hasta este punto no darán un paso atrás. Y unas camándulas no cambiarán nada. Se lo aseguro.

Por esto, cada año, el inicio de la Cuaresma marca en mí un nuevo pico de indignación de país (¡y no es el único, se lo aseguro!) al abrirse la llamada ‘campaña cuarenta días por la vida’, en la que grupos religiosos se instalan frente a las sedes de las reconocidas instituciones de salud sexual y reproductiva Oriéntame y Profamilia, para gritar arengas y rezar durante día y noche por el alma de estos “bebés que se matan”.

Yo entiendo y comparto el derecho a disentir y a protestar, aun cuando, para mí, el rezo debería ser siempre un hecho íntimo y privado, tal como la práctica de la fe en un Estado laico como lo es Colombia desde 1991. Pero hay un trecho que va de la legítima protesta al acoso y a la violencia simbólica. Los y las manifestantes de esta campaña en muchas ocasiones suelen acosar a las mujeres que quieren ingresar a estas instituciones, impedirles el paso y tocarles el vientre sin su consentimiento con sus letanías de miedo y culpa.

Insisto, aun cuando estas mujeres están amparadas por la ley (C/355 de la Corte Constitucional), muchas de ellas llegan en un estado de vulnerabilidad por esa decisión que tuvieron que tomar en medio de un estigma que persiste en nuestro país en relación con el aborto. Y por eso, lo que sucede en estos cuarenta días de la Cuaresma, cuarenta días que se repiten antes de Navidad, es inaceptable y es tiempo de que las autoridades tomen cartas en este asunto.

Yo he estado muchas veces ahí, rodeada de amigas y organizaciones de mujeres, quienes, desde el alegre sonido de los tambores y las canciones, hemos intentado hacernos presentes invocando la vigencia de derechos tan duramente adquiridos por las mujeres.

La calle se vuelve, entonces, lo sé, un poco el escenario de un diálogo de sordos. Pero ahí seguiremos. Sé que ellos también. Pero asimismo sé que estas mujeres que lograron llegar hasta este punto no darán un paso atrás. Cuando una mujer ha tomado la decisión de interrumpir su embarazo, lo ha hecho porque es una decisión que le atraviesa la vida, y solo ella en su mundo más íntimo sabe que, en este momento de su devenir, fue la mejor para ella como mujer autónoma y sujeta de derechos.

Y unas camándulas no cambiarán nada. Se lo aseguro.

FLORENCE THOMAS
* Coordinadora del Grupo Mujer y Sociedad

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