Para una mejor experiencia, active los estilos en la página. Como hacerlo?
Para una mejor experiencia, active el javascript de su navegador. Como hacerlo?

Actualizado 04:46 p.m. - miércoles 16 de mayo de 2012

Opinión 08:16 p.m.

El desasosiego

El desasosiego

Fernando Gómez, columnista de EL TIEMPO.

Fernando G

    En los años 80, el videoarte se prestaba para ser ridiculizado. En uno de sus textos más divertidos, Robert Hughes, el crítico de arte de 'Time', decía que cuando pensaba en videoarte se imaginaba el primer plano de un tipo mientras se frotaba una cucaracha en la tetilla hasta hacerla papilla. En Colombia, el videoarte no solo es algo más que un caldo de cucaracha, sino que ha sido el medio más contundente para mostrar la violencia. 'La musa paradisíaca', de José Alejandro Restrepo, o 'Bocas de ceniza', de Juan Manuel Echavarría, son obras tan poderosas como las de Alejandro Obregón o las de Débora Arango. Y el Planetario de Bogotá, en el marco del premio Luis Caballero, presenta una obra que debería ser parte de esa gran videoteca del horror colombiano.

    'Versión libre', de Clemencia Echeverri, logra transmitir la confusión que sentimos todos cuando tratamos de comprender por qué llevamos tanto tiempo matándonos y masacrándonos los unos a los otros. "Todo empezó ahí -dice Echeverri-, del desespero de no entender qué pasa." Y para tratar de hacerlo se contactó con una ONG en Medellín para hablar con desmovilizados de la guerrilla y de los grupos paramilitares. Fue cinco o seis veces con sus micrófonos y sus cámaras HD. Grabó sus historias, sus vidas y sus masacres. Los vio caminar, acusar, mentir, vivir. Y solo pudo sentirse más confundida. Las entrevistas eran frente a personas que no eran capaces de quitarse un pasamontañas, que les servía para preservar su identidad -para seguir en un mundo clandestino-, y sus palabras presentaban verdades a medias. En una entrevista contaban una cosa y después cambiaban su versión. Sus propios compañeros se contradecían. Las historias cambiaban según el bando o el interés jurídico de sus entrevistados.

    Clemencia escapó de la tentación de convertir su obra en un documental y logró una pieza plástica escalofriante. El espectador se enfrenta al desasosiego. La sala, completamente oscura, ofrece un ambiente sonoro en el que hay docenas de voces de las que no se entiende mucho, hablan los guerrilleros, hablan los 'paras', todos dan su versión de la guerra. En la pared del frente hay una pantalla en la que un hombre con pasamontañas habla sin cesar, y cinco pantallas más -que literalmente flotan en el espacio- en las que se ve a un encapuchado que avanza con pasos marciales. ¿Para dónde van?, ¿vienen por el espectador?, ¿por qué pelean?, ¿por qué se matan? Las respuestas son un murmullo. La versión libre de una mentira colectiva.

    Puntilla. No hay duda de que 'La luz difícil', de Tomás González, es un libro maravilloso, pero la obra pictórica de su personaje principal -en la vida real- sería bastante floja.

Facebook Twitter Google Buzz Enviar Instapapper
Paginar