Opinión

Un aplauso para Les Luthiers

Les Luthiers nos ha hecho reír mucho... ahora lo aplaudimos con gratitud.

03 de octubre 2017 , 12:00 a.m.

Bastaría con reconocer lo mucho que nos ha hecho reír para entregarle con justicia y con entusiasmo a Les Luthiers el Premio Princesa de Asturias de Comunicaciones y Humanidades, hecho que ocurrirá en la bella ciudad española de Oviedo (si Donald Trump y Kim Jong-un lo permiten) el próximo 20 de octubre.

Es decir que esta consagración ocurrirá apenas un mes después de la celebración de las bodas de oro de este grupo argentino que no pensó llegar tan lejos cuando, en sus inicios, no era más que un combo de amigos que pretendía tomar del pelo desde el coro universitario. No pensó llegar tan lejos, según confesaron, y aún tiene cuerda para rato: como bien lo dijo Carlos López Puccio, uno de sus integrantes, de setenta años, “este no es un premio a unos ancianitos que terminaron su carrera: es un espaldarazo para seguir”. Que así sea.

Bastaría con su buen humor, sí, para entender que se hagan acreedores a tan prestigioso premio. Pero lo suyo es mucho más que ese humor culto e inteligente con el que han brillado y con el que han llenado salas en tantos países, ese humor ante el cual nada tienen para decir la ramplonería y el facilismo que alimentan el chiste flojo, tristemente tan difundido.

En 50 años han rendido culto o han sometido a la burla a la historia, a la filosofía, a las ciencias naturales y, por supuesto, al psicoanálisis

Lo suyo es buen humor y es talento musical: casi todos sus integrantes tienen formación de excelencia en la música clásica, e interpretan diversidad de instrumentos tradicionales, además de los que han creado por decenas, como propone su nombre. Han inventado, por ejemplo, la mandocleta (mezcla de mandolina y bicicleta), la violata (un violín de lata), el ferrocalíope, el bolarmonio y la exorcítara, entre muchos otros, incluidos algunos que fabricaron con artefactos del baño, como el lirodoro, la desafinaducha y el nomeolbidet. ¡Geniales!

Pero, más allá del humor y de la música, han cultivado las artes escénicas, y en las letras de sus canciones –casi todas atribuidas a un tal Johann Sebastian Mastropiero– han rendido culto o han sometido a la burla a la historia, a la filosofía, a las ciencias naturales y, por supuesto, al psicoanálisis. También, a las matemáticas: ¿Recuerdan esa obra genial en torno al teorema de Tales, en la cual cantaban “cuando estamos horizontales y paralelos, las transversales de la pasión nos atraviesan”?

Les Luthiers nos ha hecho reír mucho... ahora lo aplaudimos con gratitud.

FERNANDO QUIROZ

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