Opinión

Perder el miedo

Esa pancarta nos hablaba a todos. Nos invitaba a reflexionar sobre este país que hemos construido.

30 de mayo 2017 , 01:37 a.m.

Tal vez bastaría con volver a una de las imágenes que captaron los noticieros de televisión durante las manifestaciones que en las últimas semanas protagonizó el departamento de Chocó para entender la magnitud de sus problemas y la legitimidad de su protesta. Bastaría con volver a esa imagen y detenerse un momento en ella. Una mujer marchaba por las calles de Quibdó con una pancarta escrita a mano, con la siguiente leyenda: ‘Nos quitaron tanto que nos quitaron el miedo’.

Contundente. Impactante. Conmovedora.

Tal vez no quería llamar nada más la atención del Gobierno, porque sabe que este país ha sido tradicionalmente gobernado con una actitud centralista, clasista y racista. Que buena parte de la geografía colombiana ha resultado invisible para unos gobernantes que solo se han fijado en ella cuando la visitan para pedir votos a cambio de mentiras: viajan en la mañana en el mismo avión que los devolverá unas horas más tarde, porque son incapaces de pasar una noche en esas tierras. Se toman dos o tres fotos y dicen en voz alta que es inaudito el abandono en el que han tenido a la región. Pero a esos que se solidarizan durante la campaña, cuando resultan elegidos los aqueja la misma amnesia descarada que ha atacado a sus antecesores.

Por eso, quizás, esa pancarta no les hablaba solo a unos gobernantes que se han acostumbrado a prometer y a dar la espalda. Esa pancarta no la escribieron solamente para pedir agua potable, alcantarillado, escuelas y maestros, servicios de salud dignos y competentes, vías para comunicarse con el interior del país, protección para los líderes sociales, presencia del Estado en las zonas que durante tanto tiempo ocuparon las Farc y que ahora se disputan otros de los muchos criminales que azotan el país.

Esa pancarta nos hablaba a todos. Nos invitaba a reflexionar sobre este país que hemos construido –y seguimos construyendo– de manera tan inequitativa, de manera tan poco solidaria. Nos decía que la solidaridad es mucho más que donar dos o tres camisas viejas cuando hay un desastre natural: es una actitud decidida para reconocernos como miembros de una misma comunidad y luchar por el bien común. Para entender que solo cuando hayamos erradicado el hambre y garantizado a todos los colombianos el acceso a los servicios básicos podremos empezar a soñar con salir adelante como nación.

FERNANDO QUIROZ@quirozfquiroz

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