Opinión

Cuerpo, agua, tierra

Conmueve la exposición ‘Voces para transformar a Colombia’, que hoy abre sus puertas la Filbo.

17 de abril 2018 , 12:00 a.m.

Conmueve. Sin duda, conmueve. Y es bueno saber que no hemos perdido del todo la sensibilidad a pesar de tantas décadas de guerra. A pesar de que muchas veces, desde las ciudades, ignoramos esa guerra que se ha dado sobre todo en el campo. A pesar de que la muerte ha ido perdiendo valor en las noticias: sobre todo si se trata de la muerte de líderes sociales sin padrino político, sin apellidos, sin plata.

Conmueve la exposición ‘Voces para transformar a Colombia’, que hoy abre sus puertas en el pabellón 20 de Corferias, en el marco de la Feria del Libro de Bogotá.
Se trata de una suerte de anticipo de lo que será el Museo de Memoria Histórica: ese espacio –esa entidad, esa reunión de manifestaciones– que, por mandato de la ley de víctimas, deberá ayudar a entender nuestra dolorosa historia, a superar el conflicto, a respetar las diferencias y a curar las heridas. Es uno de los aportes más valiosos de la cultura en aquellos países que han vivido la guerra.

Los curadores de la exposición escogieron tres ejes para hablar de esa guerra que no hemos logrado quitarnos de encima del todo: cuerpo, agua, tierra. Son los protagonistas, que se manifiestan a través de fotografías, videos, instalaciones, carteles, grabaciones, testimonios en vivo, cantos, símbolos...

Está el agua, fuente de vida, tantas veces convertida en ruta de muerte, en el triste escenario por donde viajan los cadáveres.

Allí está el cuerpo, que ha sido usado, torturado, sometido, desaparecido, humillado, violado, desmembrado... que ha sido convertido en objetivo militar. Un cuerpo que ahora asiste a marchas, que cuenta lo sucedido, que busca ser sanado y evitar que otros cuerpos pasen por los mismos sufrimientos.

Está el agua, fuente de vida, tantas veces convertida en ruta de muerte, en el triste escenario por donde viajan los cadáveres. Agua que ha sido fuente de sustento hasta que los pobladores de las orillas son sacados a la fuerza, hasta que se contaminan las fuentes.

Y está la tierra, sede de las tradiciones, lugar de los antepasados, fuente de recursos para la supervivencia, entorno que se ha convertido en hogar. Tierra que ha despertado la codicia de quienes quieren poseerla, de quienes matan y desplazan por tenerla. Tierra a la que ahora se quiere regresar. Tierra que se quiere volver a cultivar. Tierra en la que se debe poder soñar de nuevo.

Conmueve esta exposición. Y, después de recorrerla, es inevitable hacerse preguntas fundamentales. En buena hora.

FERNANDO QUIROZ

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