Opinión

El nacionalismo de Trump

Donald Trump está rompiendo el orden económico actual y las buenas relaciones que debe haber entre los países del hemisferio.

03 de febrero 2017 , 06:12 p.m.

A menos de un mes de ocurrida la posesión de Donald Trump en la Casa Blanca, aún es prematuro decir qué les espera a Estados Unidos y al mundo.

Sin embargo, si tenemos en cuenta las medidas que ha tomado en los últimos días, podemos inferir que con Trump vamos a tener un mundo más complicado que el que vivimos en la actualidad, lleno de escándalos, provocaciones y confrontaciones agudas.

Trump es un nacionalista obstinado, que en aras de hacer de Estados Unidos el país más fuerte del mundo, está tirando por la borda los principios fundamentales de la nación norteamericana, que en 1945 suscribió la Carta de las Naciones Unidas, donde se consigna el respeto entre los países, las buenas relaciones y la democracia.

Su posición, que se traduce en acabar con los tratados de libre comercio, el castigo con aranceles a las empresas estadounidenses asentadas en el exterior y el cierre de las fronteras económicas, va acompañada de una política xenofóbica que ya tiene a México como su chivo expiatorio y a ciudadanos de países del Medio Oriente, a quienes les restringió la entrada al país.

Aparte del estrambótico proyecto de levantar un muro en la frontera mexicana que sea pagado por los mismos mexicanos.

Con su estilo belicoso y camorrero, Trump, en aras de hacer de su país una jaula de oro, está rompiendo el orden económico actual y las buenas relaciones que debe haber entre los países del hemisferio.

El nacionalismo de Trump no solo es una bofetada a la economía global, sino que, unido a su odio contra los migrantes musulmanes y latinos, es una bofetada política a los derechos civiles alcanzados hasta la fecha.

Las protestas en Washington y las principales ciudades de Estados Unidos no se han hecho esperar. El pueblo estadounidense sabe de la amenaza que puede representar Trump, incluso para su propia democracia. Y también en el mundo, que teme que con el nuevo presidente se agudicen los conflictos internacionales y se rompa el equilibrio ya debilitado entre las naciones.

Si bien es demasiado temprano para caracterizar al gobierno de Trump, sus palabras y acciones son un signo inequívoco de que nos enfrentamos a un nacionalista de viejo cuño que, incluso, genera controversia entre los sectores demócratas del Partido Republicano.

Estados Unidos es un país demócrata que cuenta con instituciones sólidas y organizaciones sociales fuertes, que sabrán frenar a este nuevo jinete del fascismo, quien por desgracia fue elegido por los mismos estadounidenses.

El mundo está a la expectativa con este hombre, hábil en el mundo de los negocios pero torpe e inexperto en el mundo de la política y la diplomacia.

Fabio Martínezwww.fabiomartinezescritor.com

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