Opinión

Venezuela, una salida

Se requiere un acuerdo de gobernabilidad democrática como el que propusimos los expresidentes.

13 de agosto 2017 , 03:28 a.m.

En los últimos años, como secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), seguí muy de cerca la evolución de la situación de Venezuela. Por disposición del Consejo de Cancilleres de la Unión, pusimos en marcha una estrategia de diálogo entre el Gobierno venezolano y la oposición que permitió crear comisiones en áreas críticas que funcionaron durante varios meses con un fuerte respaldo internacional, incluido el del papa Francisco.

La comisión de asuntos sociales y económicos, con la ayuda de un equipo de importantes economistas de la región coordinado por Unasur, preparó una propuesta de estabilización solidaria que planteaba la unificación cambiaria, un programa masivo de subsidios monetarios al estilo de la Bolsa Familia de Brasil y alianzas público-privadas para el abastecimiento de bienes de primera necesidad. Lamentablemente, no fue aceptada en su totalidad.

Los acercamientos políticos incluyeron la participación de Unasur como acompañante de las elecciones, a través de una misión electoral integrada por autoridades electorales suramericanas cuyos resultados, favorables a la oposición, fueron aceptados por el presidente Maduro. Asimismo, por solicitud del Gobierno, Unasur promovió una misión de acompañamiento del diálogo de la que formaron parte los expresidentes José Luis Rodríguez Zapatero, Martín Torrijos y Leonel Fernández.

Desde entonces, y hasta hoy, mis colegas han estado buscando puentes y caminos de negociación para evitar llegar a la situación ‘de facto’ de hoy en medio de dos callejones sin salida liderados por algunos sectores radicales de las dos partes: una Asamblea Constituyente conformada exclusivamente por representantes del partido de gobierno y una estrategia de acción política de oposición desde la calle cuya dudosa efectividad se mide por el número de muertos. La pregunta, frente a este panorama desolador, es: ¿sí hay o no una salida? Mi respuesta es sí, sí la hay, si los actores políticos venezolanos, apoyados por la comunidad internacional, se comprometen con ella y lo hacen rápido.

En el corto plazo, se requiere un acuerdo de gobernabilidad democrática como el que propusimos los expresidentes a comienzos de este año, basado en cuatro premisas: 1) Definir, conforme a la Constitución, las fechas para las próximas elecciones. 2) Acordar los términos de una ley de amnistía que, consensuados en una comisión paritaria de verdad y justicia, habilitaría la participación electoral de todos los actores políticos. 3) Devolver a la Asamblea Nacional los poderes que le retiró el Tribunal Supremo de Justicia, y 4) Abrir canales público-privados para el abastecimiento de bienes básicos, especialmente medicinas y alimentos, a partir de una unificación de los tipos de cambio.

En un escenario de más largo alcance, además de un pacto social para la reactivación productiva de la economía en el cual se ha venido trabajando, se precisa de un acuerdo constitucional de reequilibrio de poderes para asegurar, hacia el futuro, la representación equitativa de todos los partidos y movimientos en los poderes del Estado. Así se acabaría con la inestabilidad que produce el juego de perdedores y ganadores en que se ha convertido la política en Venezuela, donde el que gana se queda con todo y el que pierde se queda sin nada. Esta reforma constitucional, que resultaría de concertar las visiones de país que construya el partido de gobierno a través de la Asamblea Constituyente y la que acuerde la propia oposición a través de sus líderes y mecanismos de consenso, sería sometida a una refrendación plebiscitaria de todos los venezolanos.

A lo largo de este año algunas personas afines al Gobierno o a la oposición me han cuestionado por no tomar partido a favor o en contra de los bandos en que se encuentra dividida la política en Venezuela. No lo hice como secretario general de Unasur porque estaba impedido estatutariamente para hacerlo, ni lo haré ahora porque considero que el camino de las descalificaciones personales y los señalamientos radicales aleja el país de la salida democrática y pacífica que hoy pide a gritos la ciudadanía. Prefiero, como aconsejaba un ilustre hombre público, estar en minoría del lado de los que buscan una luz que sumarme al coro, así sea mayoritario, de los que maldicen la oscuridad. Espero, eso sí, que no sea demasiado tarde...

ERNESTO SAMPER PIZANO
Expresidente de Colombia. Exsecretario General de Unasur.
(Tomado de ‘El País’ de Madrid)

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